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El viacrucis del empréstito: cuando el riesgo deja de ser financiero

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He seguido con detenimiento este tema. De hecho, el 20 de mayo de 2025 escribí una columna titulada: “El empréstito del alcalde”, en medio del debate que ya generaba la administración de Jaime Andrés Beltrán. Allí señalaba: “La frase, si lo traemos a hoy, significa que cuando existen proyectos de gran calado que benefician a la comunidad en general, es mejor hacer las cosas con calma, de forma razonable, con cifras reales y, por sobre todo, que no comprometa las finanzas de una comunidad”.

La pregunta hoy sigue siendo la misma: ¿Cuál es el afán del alcalde Portilla? Dan ganas de hacer un simple “copiar y pegar” de aquella columna, porque las circunstancias son las mismas: la misma película, con diferentes actores para obtener el mismo resultado. ¡Más de lo mismo!

La discusión ya está dada. Concejales juiciosos haciendo control político, expertos en finanzas, veedores y colegas columnistas han levantado voces de alerta y argumentos sólidos sobre por qué no debería aprobarse este empréstito en las condiciones actuales. Y razón les asiste.

Un empréstito por $538.000 millones es desproporcionado frente a la realidad del municipio. Representa una cuarta parte de su presupuesto anual y triplicaría la deuda, dándole un cambio abrupto a su estructura financiera y generando un riesgo fiscal evidente en el mediano y largo plazo.

Aunque el endeudamiento lo autoriza el Concejo, realmente la última palabra la tienen los bancos. Son ellos quienes analizan el riesgo desde varios puntos de vista. Me detendré en lo más relevantes. Riesgo de crédito: capacidad de pago estructural. La tiene hoy, ¿pero si la tendrá en 10 o 15 años?; El riesgo político: marcado por el poco tiempo que le queda al actual alcalde y la incertidumbre si el siguiente mantendrá la disciplina de pago; El riesgo de destinación: proyectos con una estructura técnica débil y obras de baja “rentabilidad” social. Puro cemento; Y el riesgo de mercado: con una inflación al alza y tasas de interés altas. Lo que sugiere cuotas altas que afectarían su flujo de caja futuro.

Y quizás el más significativo de todos: el riesgo reputacional al que se exponen los bancos. Aquí no solamente se evalúa la viabilidad del crédito, sino la confianza en las instituciones que lo respaldan. Los bancos deben ser especialmente rigurosos antes de aprobar un crédito, pues el análisis debe ir más allá de lo financiero e incorporar el riesgo político.

Esto también lo escribí en el 2025: “¿Por qué los gremios no se han pronunciado?”. Tal vez por prudencia ante el riesgo político y evitar desgate reputacional.


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