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Decisiones

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13.03.2026

Como era de esperarse, las elecciones del pasado domingo lograron aclarar los distintos escenarios a los que nos enfrentamos como país para elegir al próximo mandatario de la República. Por un lado se consolidó Iván Cepeda como el candidato del proyecto de continuidad del presidente, dejando la aspiración de Roy en mínimos, con muy pocas opciones tras los bajos resultados obtenidos en la consulta.

Por otro lado, el Centro Democrático, con su candidata Paloma Valencia, ganó la Gran Consulta por Colombia, que terminó sumando entre sus nueve candidatos más de cinco millones de votos y dejó muy mal parado al “tigre” Abelardo de la Espriella, quien tendrá que recomponer fuerzas si quiere llegar a segunda vuelta a enfrentar al candidato de Petro o ceder sus puntos en las encuestas a la oficialidad de la derecha.

En medio de toda la confrontación electoral surgió un elemento emergente en la contienda. La sorprendente votación del autodenominado “sapo” de la consulta, el economista Juan Daniel Oviedo, quien superó el millón doscientos mil votos, lo deja ahora frente a una decisión compleja. Esperar las elecciones territoriales de 2027, en las que tendría una opción estadística de disputar la Alcaldía de Bogotá como su primer cargo de elección popular, o aceptar la invitación a integrar como fórmula vicepresidencial el proyecto de Paloma Valencia.

Se trata, sin duda, de una decisión compleja. En la capital del país, Oviedo alcanzó cerca de quinientos mil sufragios, una cifra significativa si se considera que Bogotá es uno de los bastiones electorales del proyecto político del presidente. De hecho, ese mismo domingo la lista al Senado del Pacto reunió alrededor de un millón de votos en la ciudad. Estos resultados concurrentes en espacio y tiempo revelan con claridad la disyuntiva del exdirector del DANE.

Incluso habría que considerar que una parte importante de su notable votación se explica precisamente por el papel que él mismo decidió asumir dentro de la consulta. Oviedo interpretó la voz disonante dentro de un escenario dominado por candidaturas más homogéneas. En varios debates marcó distancia del tono catastrofista que ha caracterizado el discurso de la candidata del uribismo y, al mismo tiempo, reconoció algunos resultados del gobierno Petro.

Habrá que esperar, o quizá no. Los tiempos de la política suelen ser más rápidos que los de la opinión, sobre todo la escrita, y es posible que, para cuando esta columna vea la luz, la decisión ya esté tomada. Si finalmente Oviedo decidió “comerse el sapo” y renunciar a la posibilidad de disputar el segundo cargo más importante del país o si se consolidó como una voz de centro tan maltrecho por estos días. En todo caso, como diría Rubén Blades: “Decisiones, todo cuesta. Salgan y hagan sus apuestas, ciudadanía”.


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