A ti, papá, si un día me olvidas
Compartir
Esta columna es una expresión de lúcida gratitud, no como un ejercicio de nostalgia, sino como un acto consciente de reconocimiento. Escribir sobre mi padre, Gabriel Rincón, es hablar de una grandeza silenciosa que rara vez ocupa titulares, pero que ha sostenido la vida de nuestra familia. En un tiempo donde la fuerza suele confundirse con dureza, tú me enseñaste que la ternura también es una forma de valentía y que el amor no necesita ruido para ser inmenso. Esta es una dedicatoria a quien ha sido mi centro y mi norte, el hombre que me sigue mostrando que la vida hay que vivirla con intensidad.
Papá, eres mi amigo, confidente y refugio. No por exceso de........
