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Aumenta la inseguridad motera

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10.04.2026

Una nueva modalidad de vandalismo ha sido implementada por aquellos que utilizan la motocicleta para delinquir, que no son todos, pero ya son muchos.

La modalidad consiste en fingir ser víctimas de los conductores de automóviles, volcándose sobre ellos y atacarlos reclamando el pago de unos supuestos perjuicios, utilizando la violencia, primero verbal y luego física, para obtener lo que desean que no es otra cosa que dinero por lo que consideran el daño que se les ha causado.

Esta forma delictiva atrae la solidaridad de otros moteros por lo que la víctima se ve agredida por una horda enardecida que solo se calma cuando se les ofrece la plata que dicen reclamar para resarcirse del supuesto daño que han sufrido.

Lo que impresiona más frente a esta situación es la sensación de impotencia que se siente ante la imposibilidad de defenderse, entre otras razones porque las autoridades nos impiden el porte y uso hasta de las armas no letales que existen para la defensa de quienes son víctimas de ese flagelo.

Este tipo de armas de venta en el comercio común son: los Taser que utilizan corriente eléctrica para producir una incapacidad neuromuscular; el Spray de Pimienta que no es otra cosa que un gas lacrimógeno que produce una irritación temporal e irresistible y las Tonfas extensibles que son esos bastones de tipo metálico que se alargan como un palo de protección, ninguno de los cuales cuesta más de $50.000 y que de una u otra manera pueden ser usados como disuasivos frente a una amenaza de cualquier tipo.

Decimos lo anterior porque desafortunadamente la Ley 2197 de 2022 considera que esos dispositivos de defensa personal no se pueden portar sin un permiso y pueden ser decomisados y además generosamente le pueden imponer una sanción de $346.654.

Como puede observarse, los ciudadanos de bien, por las reglamentaciones oficiales, están indefensos frente a este tipo de atropellos por lo que solo queda sufrir, rezar y dar gracias porque a pesar del asalto y la impresión causada no pasó nada; “menos mal que solo me robaron” es la afirmación común al respecto.

Ahora no solo debemos soportar la indisciplina social de algunos motociclistas sino también sus actuares criminales aplicando el principio de la tolerancia absoluta como único mecanismo de protección personal.

Lo grave es que este tipo de conductas empiezan a hacer carrera, pues ante la imposibilidad de evitarlos y el buen resultado de esta actividad criminal por la utilidad del negocio y como el mal ejemplo cunde, quedamos en manos de esos desadaptados que buscan víctimas propiciatorias, como son las personas mayores y las mujeres que tienen menos posibilidad de enfrentarlos.


© Vanguardia