Congreso
Todos queremos que esto cambie, pero estamos paralizados y, seguramente, el 80 % del actual Congreso será reelegido. Ingenuos no somos. Están enquistados y saben cómo reproducirse: si alguno no va, irá su hermana, su tío o su hijo, pero irá alguno a hacer lo mismo: negocios.
Tenía razón Nicolás Gómez Dávila: “El hombre moderno oscila entre dos mundos: el negocio y el coito”. Todos lo sabemos: muchos congresistas van a hacer negocios, a sacar contratos, a ver cómo colocan a sus esposas o novias en las otras ramas del poder, como se ha visto en la Rama de la Justicia (vean el Cartel de la Toga, con José Leonidas Bustos; o a Ricaurte, Tarquino, etc.).
Allí mismo, en esa rama, los magistrados trafican influencias a cambio de no investigar congresistas, sobre todo. No sabemos, por ejemplo, qué pasó con la investigación a Edwin Gilberto Ballesteros Archila, exrepresentante a la Cámara por Santander, quien renunció a su curul en septiembre de 2021 tras una investigación de la Corte Suprema por presunta corrupción durante su gestión en la ESANT (2014-2016). Es importante para él y para los electores saber en qué terminó esa investigación ahora que aspira de nuevo.
Nos podemos preguntar: ¿quieren un Congreso como el actual? ¿Un Congreso que gana millones y se muestra ajeno a la realidad del país? ¿Que los congresistas tengan tantos privilegios? ¿Cómo cambiar el país con aspirantes como esos?
Casi ninguno sobresale por sus iniciativas o debates. No hay ni alto nivel oratorio (bueno, JP se lució por sus insultos y gritos y su escasa capacidad de diálogo e ideas), ni alto nivel intelectual, ni mucho menos alto nivel ético.
Ojalá vinieran nuevos congresistas con ideas, a defender lo público, el buen gobierno y la transparencia. Ojalá se elijan los que de verdad hagan de la política un ejercicio contra la corrupción y el cinismo. Y ojalá, en fin, que Santander salga favorecido con congresistas con ideas y capacidad de servicio, en lugar de vulgares negociantes.
Nos falta bastante para ser seres íntegros. Lo dijo hace ya Eduardo Caballero Calderón: “Todo falta por hacer: faltan dirigentes honestos, hombres de cultura y sabiduría; una democracia justa y participativa”. Y también Jorge Eliécer Gaitán: “El politiquero que reduce la política a su simple aspecto inmediato, transeúnte y mecánico, solo busca logros inmediatos para los intereses económicos, personales o electorales de pequeñas camarillas”.
Escritores, pensadores y distintos líderes han puesto su inteligencia en función de entender, descifrar y denunciar este caótico país, pero han sido minoría. Sigamos intentando salvar el país buscando personas honorables.
