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A escarbar y a excavar

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23.02.2026

No es política la columna, aunque todo acto humano —aun escribir— se supone que es político, como lo dijo Aristóteles, quien educó a Alejandro Magno. Desde esa época, y desde mucho antes, la política ha sido concebida y ha estado ahí, pensando cómo organizar la vida en común.

Todo esto es porque vale la pena conocer la historia de Bucaramanga, tan olvidada, tan desconocida y tan ajena para la mayoría de sus habitantes, que crecen y la habitan sin saber sus orígenes, sus hermosos tiempos y sus épocas difíciles.

Nos proponemos (ojalá todos lo quieran) establecer una cátedra de historia de Bucaramanga en sus colegios y escuelas, una cátedra obligatoria para que así sepan los niños la historia de sus parques, de sus casas antiguas, la historia de las iglesias, la historia de sus calles, sus colegios, la historia de la llegada de las colonias extranjeras, los hechos de La Culebra Pico de Oro, la muerte del padre Juan Eloy Valenzuela Mantilla, asesinado en 1834, quien era amigo de Bolívar a pesar de ser realista (porque las inteligencias se entienden), y también para que sepan de la segunda llegada de extranjeros después de la Segunda Guerra Mundial, que nutrieron con sus inteligencias a la UIS.

Puede, señor alcalde, dejar en la memoria de su corto gobierno una cátedra que incentive y genere amor por esta bella tierra, rodeada de aguas y quebradas que dejamos secar por nuestro afán de cemento, para que los niños crezcan sabiendo que su tierra inició como un poblamiento de indígenas pobres y se ha alzado hasta una mediana prosperidad.

Todo esto se me ocurre leyendo una vez más el libro Historia básica de Bucaramanga, cuatro siglos de un poblamiento, 1622-2022, publicado por la UIS, riguroso en sus citas y con una excelente bibliografía que le da al lector certezas, gracias a su rector Hernán Porras y a una serie de historiadores coordinados por Armando Martínez Garnica, con hermosas fotografías que lo ilustran gracias a Saúl Meza. Porque allí nos damos cuenta de la importancia y la necesidad de que este libro llegue a los estudiantes de la ciudad y del departamento.

El libro habla del oro y los encomenderos, de dónde estaban los indios, de dónde al parecer lavaban oro hasta el Río de Oro, porque lo que llamamos hoy “meseta de Bucaramanga” no es más que un “depósito o abanico de eyección de esos materiales desprendidos, coluviales y aluviales”, rodados y conducidos desde mayores alturas hasta los lechos de los ríos de Oro y Suratá. De hecho, hoy todavía hay personas que siguen escarbando y excavando en busca del oro que está depositado en la meseta.

La cátedra de historia de Bucaramanga no es un lujo académico, es un acto de justicia con quienes nos precedieron y una responsabilidad con quienes vendrán. No dejemos que nuestros niños aprendan primero el nombre de otras ciudades antes que el de sus propias calles.


© Vanguardia