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Menos embarazos adolescentes, más aulas llenas

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25.02.2026

En la última década, Colombia ha presenciado una transformación profunda, aunque poco reconocida: la disminución sostenida del embarazo adolescente. Según datos actuales del DANE, la tasa de fecundidad en adolescentes de 15 a 19 años pasó de cerca de 80 nacimientos por cada 1.000 mujeres en 2008, a poco más de 30 por cada 1.000 en 2024. Detrás de esta disminución hay un cambio social que está impactando significativamente las trayectorias educativas y laborales de miles de niñas.

En 2024, más de 63.000 bebés nacieron de madres entre 15 y 19 años, una cifra aún alta, pero considerablemente menor que la registrada hace quince años. La reducción en niñas de 10 a 14 años fue aún más notable. La tendencia muestra avances en acceso a información, educación sexual, programas de prevención y mayor conciencia sobre los derechos reproductivos.

Sin embargo, el impacto trasciende la salud pública. Cada embarazo adolescente que se previene representa una niña que permanece en el sistema educativo. Históricamente, el embarazo temprano ha sido de unas causas principales de deserción escolar femenina en secundaria. Gran parte de las adolescentes que se convierten en madres enfrentar obstáculos económicos, sociales y culturales que impiden su continuidad académica.

Hoy, con menos embarazos, más niñas culminan la básica y media. Esta permanencia escolar mejora los niveles de alfabetización, reduce la brecha educativa entre hombres y mujeres, y amplía las oportunidades de acceso a la educación superior. Si bien el país ya había avanzado en cerrar la brecha de analfabetismo entre géneros, el descenso del embarazo adolescente contribuye a consolidar esa tendencia, especialmente en zonas rurales y contextos vulnerables.

La relación entre educación y empleo también es clara. Las mujeres que completan sus estudios secundarios tienen mayores probabilidades de acceder a trabajos formales, ingresos más altos y mejores condiciones laborales. Además, aplazar la maternidad suele asociarse con mayor autonomía económica y capacidad de decisión.

No se trata solo de estadísticas: esta generación está reescribiendo su futuro, pero el reto persiste. Miles de niñas siguen enfrentando embarazos tempranos, muchos de ellos asociados a violencia, desigualdad y falta de oportunidades.

La disminución del embarazo adolescente en Colombia no es únicamente un logro sanitario; es una apuesta estructural por la equidad. Mantener a las niñas en las aulas de clase no solo cierra brechas educativas, también abre puertas laborales y transforma comunidades enteras. La tarea ahora es sostener y profundizar estos avances, para que ninguna niña tenga que abandonar sus sueños antes de tiempo.


© Vanguardia