¡Por favor, vote por quien quiera, pero vote!
Hay algo curioso en la relación que muchos ciudadanos tienen con la política y es que casi todos se sienten con derecho a criticarla, pero no todos están dispuestos a participar en ella.
Las conversaciones cotidianas están llenas de reproches contra los dirigentes públicos. Se cuestionan las decisiones del gobierno, se desconfía de los partidos y se lamenta la calidad de quienes aspiran a ocupar cargos de elección popular. Sin embargo, cuando llega el momento de ejercer el derecho más elemental, millones de ciudadanos simplemente deciden quedarse en casa.
Ese contraste revela una paradoja inquietante. Queremos mejores gobernantes, pero no siempre asumimos el mínimo compromiso que implica escogerlos.
Las elecciones que se celebrarán este domingo ofrecen una nueva oportunidad para recordar que la democracia no es un espectáculo que se observa desde la distancia. Es un sistema que exige participación. Y la forma más sencilla de participar es votar.
Conviene además desterrar una idea que suele repetirse con facilidad: que no hay por quién votar. Basta observar con algo de detenimiento el panorama electoral para advertir que existen perfiles distintos, trayectorias diversas y visiones diferentes sobre lo público. Generemos controversia con lo siguiente.
Hay, por ejemplo, candidaturas jóvenes que han intentado abrirse paso en la vida pública con una mirada crítica y renovadora. Un caso es el de Carlos Parra, quien desde el Concejo de Bucaramanga ha demostrado que la oposición política también puede ejercerse con argumentos, con datos y con debates serios sobre los asuntos de la ciudad.
Al mismo tiempo, hay sectores de la ciudadanía que consideran que la experiencia política sigue siendo un valor importante. Desde esa perspectiva puede verse la trayectoria de Jaime Durán, un dirigente con décadas de vida pública que, en medio de un escenario político frecuentemente marcado por los escándalos, no registra uno solo en su contra.
Entre esas dos visiones también aparecen otros liderazgos que intentan abrirse espacio. Carlos Roberto Ávila, por ejemplo, representa una generación de profesionales jóvenes, con formación académica y con el interés de participar en la discusión pública desde nuevas perspectivas.
Y está igualmente Horacio José Serpa, que combina juventud con un recorrido político que le ha permitido construir una trayectoria propia dentro de una tradición política ampliamente conocida en Santander.
Estos nombres no agotan, por supuesto, la diversidad de candidaturas que se presentan en esta elección. ¡Hay candidatos muy buenos! Tampoco pretenden orientar la decisión de los votantes. Lo que evidencian es algo más simple: en democracia siempre existen alternativas.
Cada ciudadano tiene sus propias razones para preferir una opción sobre otra. Algunos valorarán más la renovación generacional; otros confiarán en la experiencia. Todas esas motivaciones son legítimas y forman parte natural del pluralismo democrático.
Colombia sigue registrando niveles de abstención electoral demasiado altos. En cada elección millones de personas optan por no votar, convencidas de que su decisión no tendrá impacto alguno. El voto no es una garantía de que todo cambiará de inmediato. Tampoco es un acto de fe ciega en los candidatos. Es, simplemente, la forma más directa de intervenir en las decisiones colectivas.
Por eso el llamado para este domingo es sencillo, ¡participe y salga a votar!
