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Crianza respetuosa: la cuestión no es elegir entre afecto y autoridad

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05.08.2026

En la película Padre no hay más que uno 4: Campanas de boda, una escena resume con humor buena parte del debate actual sobre la crianza. Milagros, la abuela interpretada por Loles León, intenta despertar a una de las niñas para ir al colegio. La pequeña se resiste, grita y se niega a levantarse.

La abuela prueba entonces a aplicar lo que entiende por crianza consciente: le dice con voz calmada que comprende su frustración, que a ella también le gustaría quedarse en la cama hasta las once y que ambas van a respirar profundamente. Pero la niña continúa chillando. Milagros pierde la paciencia y termina amenazándola a gritos con arrancarle las coletas. La rabieta cesa de inmediato. Al salir de la habitación, comenta satisfecha al padre: “Eso de la crianza consciente sí funciona”.

Todos nos podemos reconocer en los extremos que plantea la escena: por un lado, una educación basada en razonar, validar y acompañar cada emoción; por otro, una autoridad brusca sostenida en el miedo. Entre ambos polos se sitúa una pregunta importante: ¿la crianza respetuosa ofrece realmente una alternativa a los modelos tradicionales o, bien entendida, recupera algo que la psicología lleva décadas defendiendo: la combinación de afecto, sensibilidad y límites claros?

De dónde viene la crianza respetuosa

En los últimos años, la crianza respetuosa (conocida en inglés como gentle parenting) ha ganado gran visibilidad en redes sociales, blogs y libros para familias. La autora británica Sarah Ockwell-Smith contribuyó a popularizar esta denominación y a presentarla como una forma de educar basada en la empatía, el respeto, la comprensión y los límites. La propuesta resulta atractiva: escuchar al niño, comprender qué hay detrás de su conducta, evitar la humillación y ejercer la autoridad sin violencia.

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© The Conversation