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Los correfocs son la tradición más ruidosa de Barcelona, y los ‘diablos de fuego’ sacrifican su audición para poder participar

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03.08.2026

Cada año, el 15 de agosto, el barrio de Gràcia, en Barcelona, se despierta con una procesión pirotécnica de “diables”, o “diablos de fuego”, que recorren sus estrechas calles, seguidos poco después por grupos de tamborileros. Mientras los juerguistas bailan al ritmo de la percusión y las explosiones, el ruido y el humo inundan el barrio, transformando su ambiente y marcando el inicio de las fiestas locales, que duran siete días.

Estos eventos anuales –conocidos como correfocs– son parte integral del tejido del barrio. Pero la exposición de toda una vida a ruidos extremos tiene un grave impacto en la salud de los participantes, en particular en su audición. Entonces, ¿por qué siguen interviniendo?

El fuego como cultura

El fuego ha marcado durante mucho tiempo los ritmos de la vida pública en Cataluña. Su presencia se remonta a antes del siglo XIV y aparece en uno de los primeros registros escritos de los rituales cívicos de Barcelona: el Libro de las solemnidades de 1424. En aquella época, el fuego formaba parte de las celebraciones religiosas. Durante eventos como el Corpus Christi, las procesiones recorrían las calles de la ciudad, en ocasiones acompañadas de los primeros efectos pirotécnicos o de figuras simbólicas como bestias que escupían fuego.

Pero lo que comenzó como un elemento ritual ha ido adquiriendo vida propia. Con el tiempo, el fuego traspasó la esfera estrictamente religiosa y se convirtió en un rasgo definitorio de la cultura popular catalana. Hoy en día, no es solo parte del espectáculo: es el espectáculo. El fuego da forma a cómo las comunidades se reúnen, celebran y viven la ciudad, arraigándose profundamente en las prácticas colectivas y los imaginarios compartidos.

Esto se aprecia a lo largo de todo el calendario festivo, ya que las celebraciones públicas suelen incluir espectáculos pirotécnicos a gran escala que transforman la ciudad en un escenario compartido para conmemorar las fiestas locales y las transiciones estacionales. Uno de los momentos más emblemáticos es el solsticio de verano, el 23 de junio, la Nit de Sant Joan o la........

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