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Vacunas nasales: una nueva y prometedora vía para frenar la transmisión de los virus respiratorios

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24.09.2026

Cuando pensamos en una vacuna, lógicamente solemos imaginar una inyección en el brazo. Este tipo de inmunizaciones han sido extraordinariamente eficaces para evitar el agravamiento de las enfermedades, las hospitalizaciones y las muertes.

Sin embargo, frente a muchos patógenos respiratorios, los pinchazos presentan una limitación fundamental: generan una respuesta inmunitaria muy potente en la sangre (inmunidad sistémica), pero no siempre garantizan una defensa igual de intensa en las vías respiratorias superiores. Y son precisamente los lugares por los que suelen entrar esos microorganismos.

Las vacunas nasales intentan resolver este problema. En lugar de introducir el antígeno mediante una aguja, se administra en forma de aerosol o gotas sobre la mucosa nasal. Allí puede activar el sistema inmunitario local y formar una primera línea de defensa robusta en el punto de entrada del patógeno.

La mucosa de las vías respiratorias no es un simple tubo por el que pasa el aire. Posee su propio sistema de defensa: el tejido linfoide asociado a la nasofaringe (NALT, por sus siglas en inglés). Al administrar una vacuna mediante un aerosol nasal, se activan mecanismos de defensa que las inyecciones rara vez ponen en marcha con la misma eficacia.

La mucosa respiratoria está cubierta de moco, células ciliadas y de numerosas células inmunitarias. Una vacuna nasal bien diseñada puede estimular la producción de inmunoglobulina A secretora (IgA), un anticuerpo especializado en proteger las mucosas. La IgA puede unirse a virus o bacterias en la propia superficie respiratoria y dificultar que se adhieran y penetren en nuestras células.

Además, la vacunación nasal puede generar linfocitos B y T de memoria residentes. Estas células son las encargadas de fabricar anticuerpos y destruir las células infectadas, respectivamente. Permanecen en los tejidos respiratorios y pueden reaccionar rápidamente cuando vuelve a aparecer el patógeno. Por ello, las........

© The Conversation