Septiembre, infancia y calor: los colegios como refugios climáticos de los barrios
Las olas de calor han dejado de ser eventos puntuales del verano; ahora también se extienden a los meses de primavera y otoño, afectando a la vida en nuestras ciudades. Las superficies grises de asfalto y hormigón retienen y acentúan el calor, aumentando la incomodidad térmica de la población, aunque no afecta a todo el mundo por igual.
El Observatorio del Clima Europeo señala a la población infantil de barrios socioeconómicamente desfavorecidos como uno de los colectivos más vulnerables al aumento de las temperaturas. Es aquí donde hay que concentrar los esfuerzos para crear ciudades más equitativas y resilientes al calor.
Los niños y niñas son más vulnerables
La vulnerabilidad de la población infantil al calor extremo es mayor que la de los adultos. Principalmente, por dos razones.
De un lado, como señala el informe de UNICEF (2023) y corrobora el pediatra Ferran Campillo, el sistema termorregulador de los niños y niñas todavía es demasiado inmaduro para adaptarse de manera eficaz al calor extremo. Su tasa de sudoración es menor que la de los adultos y, por tanto, tienen menos capacidad para reducir la temperatura de su cuerpo. También producen más calor por kilogramo de peso, con una relación entre su superficie y su masa corporal más elevada. El riesgo de deshidratación en la infancia es, en consecuencia, mucho mayor.
Por otro lado, la infancia todavía no ha desarrollado plenamente las habilidades ni adquirido los conocimientos necesarios para protegerse del calor, y a menudo tampoco tiene la capacidad de disponer de los recursos necesarios para hacerlo. Un grupo de niños y niñas puede estar jugando a pleno sol sin pensar en beber agua o descansar a la sombra; o pueden tener la intención de hacerlo, pero no encontrar una........
