Si la España de hoy no es la misma que la de hace un siglo, ¿tiene sentido fijarnos en el pasado para conservar al lobo?
En conservación, se da como una verdad establecida que conocer la distribución pasada de una especie es clave para entender su ecología y que eso ha de ser útil para preservarla (de la extinción regional) ahora y más adelante. Tanto es así que hasta los criterios orientadores que ofrece la legislación ambiental en España para determinar si una especie tiene un estatus de conservación “vulnerable” contienen esa idea como un punto a evaluar.
Sin embargo, estudiar las consecuencias ecológicas (negativas y positivas) del abandono rural durante los últimos 60 años nos llevó a plantearnos si la distribución de los grandes mamíferos carnívoros ibéricos a principios del siglo pasado es realmente el mejor espejo en el que mirarnos. El mejor objetivo a alcanzar en el futuro.
En un reciente estudio, publicado en el Journal for Nature Conservation, analizamos los pros y los contras de este objetivo conservacionista en relación al oso pardo, el lince ibérico y, sobre todo, el lobo.
Menos ovejas en el campo
La duda emergía especialmente por el gran papel que en el pasado debieron jugar los enormes rebaños de ovejas pastoreados en régimen extensivo en los campos y montes en la ecología trófica del lobo.
La oveja es el mamífero doméstico con el tamaño idóneo para ser depredado por el lobo en su estado adulto (terneras y potros lo serían en el caso de vacas y caballos). En España, la relevancia........
