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Memoria Histórica: Abril de la Revolución Palestina 1936-1939

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Ghassan Kanafani, 1936-1972, militante y escritor palestino que fue asesinado por los sionazis, nos dejó su magnífico libro “La Revolución Palestina de 1936-1939, (Editorial Boltxe), en el que florece la memoria histórica, científica y de calado político de clase. La exposición transparente resulta una enseñanza sobre las luchas contra el invasor colonial y las que se daban y dan entre los componentes políticos y populares internos en Palestina, el país invadido.

La causa principal de la Revolución de 1936-1939 fue el colonialismo británico acompañado del colonialismo sionista, fuerzas que alcanzaron la integración de la una con la otra en la explotación colonial para que los sionistas, bien financiados, instruidos, armados y organizados por los británicos, ocupasen territorio, se hiciesen con las industrias, expulsasen a la población nativa.

El robo, la explotación y la represión encendieron el movimiento revolucionario palestino, aun cargando sobre sus espaldas con los terratenientes feudales colaboradores del enemigo. Los primeros grupos revolucionarios, de extracción campesina y muy reducidamente proletaria, se exponían con gran valor emprendiendo la lucha independentista, aunque faltos de formación y recursos, de armas, de lazos organizativos sólidos, de dirigentes que tuviesen visión política estratégica, por lo que en múltiples ocasiones se entregaban confiados a la postura de las autoridades que guiaban los terratenientes, que en muchas casos vivían fuera del país y no tenían ningún aprecio a Palestina. Los ricos feudales buscaban el beneficio inmediato vendiendo tierras y consintiendo en los negocios a los invasores sionistas, ahí se encuentra el principio de sus relaciones con éstos bajo el Mandato Británico. La escasez de medios de las fuerzas populares facilitaban a los enemigos interiores y exteriores entrampar a los rebeldes en el campo de batalla, en los despachos donde negociaban, y en el hacer de nuevas leyes que articulaban con el fin de impulsar el avance privatizador británico-sionista.

Aun así los revolucionarios fueron capaces de golpear a ese enemigo poderosísimo que se entendía con sus lacayos en el interior de Palestina. La rebelión emprendida con tanta dificultad se hacía ejemplo para la mayoría campesina pobre.

Ghassan Kanafani detalla formas de lucha y consecuencias, y recoge o sintetiza los objetivos políticos principales del momento histórico: 1) Acabar inmediatamente con la inmigración judía. 2) Prohibición de transferir la propiedad de tierra árabe palestina, y 3) Establecimiento de un gobierno democrático en el que la población árabe palestina sea mayoría en conformidad con su superioridad numérica.

El choque se daba entre el cambio que guiaba a la sociedad palestina, agrícola feudal y clerical, y la que el colonialista burgués sionista quería imponer. El levantamiento armado primero fue dirigido por Izz al-Din al-Qassam, un líder popular que consiguió un movimiento de masas, y una mínima organización militar, pero que fracasó tanto en la guerra como en la lucha por las reivindicaciones parciales a las que los británicos habrían cedido si no fuese por la influencia que ejercían los sionistas, que además se hacían ver en bandas armadas, mientras aplicaban en los trabajos las directrices racistas de dar empleo solo a judíos y expulsión de la mano de obra palestina.

La lucha armada se precipitaría cuando el jeque al-Qasam con 25 combatientes, la noche del 12 de noviembre de 1935 se fueron a concentrar en las colinas de Ya´bad para lanzar un llamamiento a la revolución, pero el ejército británico lo descubrió y los derrotó, y fue en esa batalla cuando al Qasam, al comprender que la revuelta no iba a extenderse y les iba a costar la vida, lanzó la consigna “morir como mártires”. La importancia del martirio de al-Qasam entre el pueblo se dejó ver en su entierro, tan solo acudieron gentes pobres. Los gobernantes quisieron ignorarlo, pero el ambiente social y político subía en crítica y les empujó a dirigirse al Alto Comisionado Británico exponiendo la situación y advirtiendo de su pérdida de influencia sobre la población en caso de no hacer algunas concesiones, advirtiendo que en tal caso la situación se haría más peligrosa.

El gobierno británico intentó maniobrar y se propuso detener la venta de tierras, pero como ya se ha advertido apenas tuvo efecto por la presión del sionismo que cada día se consolidaba más, y sin que los representantes nacionalistas palestinos hubiesen hecho nada, el movimiento popular estalló dejándolos al margen. Para el 19 de abril se extendió la huelga general y quienes habían sido superados, partidos nacionalistas, que eran aparatos sin base social, viejos cascarones del tiempo de la lucha contra Turquía, que solo veían como enemigos a los ingleses, se sumaron y, las masas sin organización capacitada políticamente, aunque con el apoyo de los seguidores de al-Qassam y los comunistas, muy escasos, acabaron siendo controladas.

Para entonces los sionistas tenían analizada la situación e identificado el objetivo: el dirigente sionista Weizman declaraba que el enfrentamiento entre árabes y sionistas era una “lucha entre constructivos y destructivos”, con lo que preparaba ya al sionismo para la lucha armada. Paralelamente los británicos emprendieron la represión contra los palestinos más comprometidos en la huelga general deteniendo a 61 de ellos y permitiendo la reunión de 4 más con el ministro de colonias, mientras facilitaba la instalación de los colonos sionistas, atacaba con la mayor violencia a los campesinos pobres revolucionarios y empleaba a los regímenes árabes en la persecución y liquidación de sus seguidores.

Ghassan Kanafani recoge la Normativa Británica en sus sentencias contra los palestinos, sentencias que llevaban docenas de años por guardar un arma, meses por orientar mal a un destacamento de soldados, o semanas por tener un simple palo. Al mismo tiempo que el ejército colonial dinamitaba casas, demolía viviendas y expulsaba de sus tierras a los campesinos. Los revolucionarios se organizaban nuevamente, y los británicos además del empleo de la violencia buscaron a los elementos colaboracionistas consiguiendo dirigentes que se mostraban dispuestos en obediencia a los reyes árabes, (cuánto se parece a lo que viene sucediendo en nuestros días). Si todo resultaba confuso para algunos, los británicos llevaban adelante sus planes enviando gran cantidad de tropas, hasta que el 20 de septiembre de 1936 comenzaron la represión bajo la ley marcial. Poco más de un mes después nos señala el autor “el Alto Comité Árabe, obedeciendo a los deseos de sus majestades y altezas los reyes y emires, y con el convencimiento del gran beneficio que resultará de su mediación y cooperación, hace un llamamiento al noble pueblo árabe a poner fin a la huelga y a los disturbios obedeciendo estas órdenes, cuyo único objetivo es velar por los intereses de los árabes”. La revolución en marcha fracasó a manos de los colaboracionistas, que tan alejados de la realidad no veían al enemigo con más futuro, y llegaron a proponer a los sionistas la ruptura con los británicos, algo tan absurdo que parece imposible que concibiesen tales ideas, cuando sabían que los sionistas servían en la policía e iban armados con rifles del ejército y dirigían los ataques a las aldeas árabes. Los británicos a su vez contaban con los sionistas como parte de su establecimiento colonial y de su fuerza represiva. La revolución, debilitada ante los ataques a los campesinos pobres, resistía difundiendo el ejercicio de protesta social por el que los hombres de las ciudades llevaran la kufiya y el agal para que las fuerzas represivas no supiesen contra quien actuar, además de no portar documentación para que no pudiesen distinguir a los de la ciudad de los campesinos. Para 1939 la revolución volvía a alzarse y los colonialistas causaron mártires nuevamente, llevaban a cabo detenciones en masa, ejecuciones, a las que las fuerzas populares respondieron con ataques a las colonias, la voladura del oleoducto, y la explosión en un tren de Haifa a Lydda.

Kannafani muestra con detalle el camino tan intrincado que debieron seguir los revolucionarios, las condiciones de las que surgieron y en aquellas en las que debieron construir su organización y realizar sus acciones. El libro es una gran lección sobre la historia del colonialismo británico-sionista, la lucha de las fuerzas palestinas por la liberación de la Patria, y su propia derrota, que alcanzando los años 40 del siglo pasado y sobrepasada la Segunda Guerra Mundial daría al sionismo la fortaleza y resolución para afincarse en Palestina.

El último capítulo, de titulo “La Revolución Palestina Dos Años Después del 7 de Octubre” lo encabezan declaraciones de Ghassan Kanafani, George Habasch y Yahya Sinwar, grandes dirigentes mártires, cuadros inestimables de la Revolución y su historia, y sobre sus palabras se abren las puertas a la exposición de la gran Intifada, El Diluvio de Al-Aqsa, la epopeya guerrillera que sorprendió al mundo volviendo a poner en la primera punta del día la continuación de la lucha desde Gaza contra el colonialismo, el sionazismo-imperialismo, y por la Independencia. A la lucha guerrillera palestina se sumarían las fuerzas de Hezbollah en Líbano, las fuerzas solidarias de Siria, Irak y Yemen, y, como no, Irán, bastión del Eje de la Resistencia, todos ellos en ejemplo internacionalista dieron a conocer la causa palestina elevándose a nivel mundial la importancia de lo que estaba sucediendo, y las masas del mundo demostraron estar muy por encima de los organismos internacionales y de la mayoría de los gobiernos, que callaban o acusaban a la Resistencia por ejercer el derecho de su pueblo a vivir en su Patria. La solidaridad internacionalista alcanzó cotas nunca conocidas y acabó aislando al sionazismo y al imperialismo, pero además el levantamiento palestino en Gaza acabó con la mentirosa representación de la Autoridad Palestina, título que le otorgaron los Acuerdos de Oslo entre la dirección de la OLP y la entidad colonial, toda su finalidad fue contener la lucha palestina difundiendo unas esperanzas falsas, y hasta el término “Nacional” se lo adjudicó la “Autoridad Nacional” misma intentando dar la imagen de gobernación más completa y prometedora.

La exposición de Kanafanny recoge la vida de lucha de Yahia Sinwar, la prisión, el intercambio con el que recuperó la libertad y su desarrollo en Hamas, siendo el estratega que preparó y dirigió El Diluvio de Al-Aqsa, el levantamiento que ha sido denostado por los enemigos de Palestina conforme protegían a la colonia que tan buenos resultados les daba en la conquista, la destrucción de la región y la división entre los árabes. Finalmente varios de sus mismos administradores han expuesto su temor a la desaparición del “Estado judío”.

Por su actualidad, termino transcribiendo el análisis que hacía George Habasch, dirigente del FPLP, el 31 de octubre de 1983 en Damasco, en la sede de la Unión General de Escritores y Periodistas Palestinos: “… Existe una particularidad de la causa palestina en vista del asentamiento sionista en Palestina y de la relación orgánica entre la entidad sionista y el imperialismo. Esto significa que la revolución palestina no puede alcanzar sus objetivos sin una relación dialéctica con la revolución árabe. La tierra palestina no puede ser liberada sin bases para la revolución palestina en los países circundantes. Si queremos que los territorios ocupados sean liberados, debemos crear un cambio significativo en el equilibrio de fuerzas militares.”

El libro, de poco más de 100 páginas, es sumamente valioso para el conocimiento de la revolución palestina, sus motivos y el gran valor que ha dado a la lucha internacionalista del Eje de la Resistencia y de los pueblos del mundo. Sin ninguna duda libro es muy recomendable.

Título: La Revolución Palestina de 1936-1939.

Autor: Ghassan Kanafani.


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