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El fútbol/corporación como espectáculo/negocio privado y las urgencias de regulación del Estado

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07.06.2026

La gravitación de los procesos de globalización, especialmente en su vertiente económica conducida por el mantra del fundamentalismo de mercado, hacen suponer a los puristas que la iniciativa privada funciona con eficiencia sin la interferencia del Estado en el proceso económico. Ello es una argucia ideológica y una falsa disyuntiva que se convierte en un lastre en el debate público y que opaca la capacidad de discernimiento entre los académicos, creadores de opinión pública y los tomadores de decisiones. Lo que en realidad se suscita es una coordinación de los mecanismos interventores del Estado con la dinámica del patrón de acumulación del capital, y una selectiva y retraída incidencia estatal en la procuración de mecanismos de equidad social. Esto es, el sector público crea las condiciones –institucionales, simbólicas e infraestructurales– para la reproducción del capital, incluso canalizando inversiones para apuntalar los proyectos de la empresa privada. Siendo así, cabe preguntarse lo siguiente: dados los excesos y abusos de la empresa privada, ¿está obligado a intervenir el Estado en aras de contrarrestar los atropellos que recaen sobre las clases sociales populares en nombre del mercado? Específicamente: de cara a los abusos en eventos privados como una Copa Mundial de Fútbol o cualquier otro torneo y ante el poder monopolístico que adopta la FIFA y sus aliados comerciales, ¿es necesaria una acción coordinada de los Estados en aras de reivindicar el derecho al ocio y al esparcimiento y evitar así el proceso de exclusión experimentado por los aficionados?

En varios ensayos (https://shre.ink/3jj4, https://shre.ink/3jj6, https://shre.ink/3jjV y https://shre.ink/3jjN) venimos documentando desde meses atrás el carácter gentrificador y elitista que adquiere el fútbol como espectáculo/negocio global. Más que la promoción de un deporte, la FIFA, las confederaciones regionales, las federaciones nacionales y sus patrocinadores instauraron una dinámica de fútbol/corporación regida por la híper-mercantilización, en un ejercicio amplio de privatización del esparcimiento y de intensificación de la exclusión de las clases sociales populares. La Copa Mundial de la FIFA 2026 es una clara muestra de ello; aunque esos procesos no se detienen ni son propios de este macro-evento futbolístico, sino que se extienden cuando menos a las últimas dos décadas. Esta elitización del fútbol se relaciona con los precios exorbitantes de las entradas a los estadios, pero también se extienden más allá de ello: estadios que reducen su capacidad en cuanto al número de aficionados; privatización extrema de las transmisiones de los torneos de fútbol y la fragmentación en múltiples plataformas de paga; la publicidad cada vez más invasiva en las........

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