La amante de mi tÃo abuelo, por Reuben Morales
La amante de mi tÃo abuelo, por Reuben Morales
X:Â Â @ReubenMoralesya
Siendo payaso de hospital en el año 2009, me tocó ir a la ciudad de San Cristóbal para el encuentro nacional de nuestra organización, Doctor Yaso. Evento para el cual nos hospedaron en un lugar hecho especialmente para payasos: el CÃrculo Militar.
Ya estando allÃ, aproveché para quedarme unos dÃas más y visitar el pueblo de San Pedro del RÃo, al cual fui muchas veces de niño pues allà vivÃa mi tÃa abuela Margarita. Un lugar donde nos bañábamos en el rÃo, vendÃamos mangos en carretilla, tomábamos caldo de galletas de soda y nos mecÃamos en hamaca cual montaña rusa.
Todo mientras los adultos hablaban en el patio con mi tÃa abuela Margarita, quien nos disfrutaba como esos hijos que nunca tuvo. Una casa tan divertida, que cuando mis amiguitos de preescolar contaban que habÃan ido de vacaciones a Margarita, yo creÃa que hablaban de la casa de mi tÃa abuela.
Aunque llegó ese dÃa en que ella falleció. Yo tendrÃa como once años y, tras eso, más nunca volvimos a San Pedro del RÃo, pues mi dolido y enviudado tÃo abuelo tomó una decisión drástica: la de hacer pública su relación amorosa con la muchacha de servicio de mi tÃa abuela. SÃ, mi familia era la telenovela «Marimar».
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Pero en ese año 2009 ya yo tenÃa veintinueve y mi tÃo abuelo también habÃa muerto. En esa casa de San Pedro del RÃo ahora solo vivÃa la amante, quien quizás también tenÃa su propio amante y quién sabe si era el mayordomo.
Yo igual me aventuré y fui pensando: «Llego allá y le toco la puerta. Si me deja entrar para ver la casa y recordarla, buenÃsimo». Entonces llegué, toqué la reja, salió la amante de mi tÃo abuelo y le dije: «¿Cómo está? Soy Reuben, el sobrino de Margarita».
Yo igual me aventuré y fui pensando: «Llego allá y le toco la puerta. Si me deja entrar para ver la casa y recordarla, buenÃsimo». Entonces llegué, toqué la reja, salió la amante de mi tÃo abuelo y le dije: «¿Cómo está? Soy Reuben, el sobrino de Margarita».
Ella me vio con cara de: «¡Este maldito lisiado viene por la herencia!». De haber sido una telenovela, el capÃtulo hubiese terminado en esa dramática escena. Sin embargo, la conversación siguió y le pregunté si me permitirÃa entrar a la casa para verla de nuevo. Ella accedió amablemente y pasé. ¿SerÃa que también nos extrañaba?
Al entrar, yo esperaba encontrarme otra casa, pero mi sorpresa fue que todo estaba como lo habÃa dejado mi tÃa abuela Margarita. ¡Los mismos muebles, las mismas mesas, los mismos portarretratos, las paredes sin pintar y la grama crecida! Era el reflejo de la Venezuela chavista: la misma casa, pero expropiada y descontinuada.
Tras visitarla, solo quise quitarme ese shock dándome un chapuzón en el rÃo al que tantas veces fui de niño. La cosa es que ahora el trayecto me pareció cortÃsimo y el agua ni me llegaba a las rodillas.
Después fui a la plaza BolÃvar, me senté en un restaurante y apenas pedÃ, se fue la luz. Esperando a que llegara, le conté al dueño que me habÃa bañado en el rÃo y de inmediato respondió: «¿Se bañó ahÃ? ¡Pero si esa es la cloaca del pueblo!».
Fue asà como terminó mi viaje a San Pedro del RÃo: con más decepción que alegrÃa, pero satisfecho por sacarme esa espinita de la nostalgia. Algo parecido a lo que será volver a Venezuela.
Quizás no sea la misma casa de mis recuerdos, aunque siendo un desterrado polÃtico lo que más anhelo es que aparezca alguna amante de un tÃo abuelo mÃo que por lo menos me abra la reja y me deje entrar. Asà sea un ratico.
Reuben Morales es comediante, profesor de stand up comedy y escritor de humor.
TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artÃculo.
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