Entre el petróleo y la libertad, por Alexander Cambero
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Las aguas políticas estaban agitadas. Una llamada telefónica hizo que el secretario de Estado norteamericano de la época, John Foster Dulles, saliera urgente para una reunión clave con el presidente Dwight David Eisenhower.
El avance del poder soviético era una amenaza para el mundo libre. La guerra de Corea significaba un escenario de medición de las dos fuerzas ideológicas. Con gran determinación salió de su casa para ir al encuentro con el Consejo de Guerra.
Allí tomó la palabra y, golpeando la mesa de manera concluyente y con su mirada de hielo elevada a la enésima potencia de un iceberg, les espetó: «Estados Unidos no tiene amigos, sino intereses». La reunión terminó abruptamente, ya que tenía que volar hasta la base de Pensacola en el estado de Florida para despedir a un grupo de militares que partían para Camp Humphreys en Asia Oriental.
Estados Unidos es extremadamente pragmático a la hora de definir sus intereses. Nunca antepondrá algo por encima de su conveniencia. Es la psicología del vencedor. Quien se impuso en la guerra asimétrica por el liderazgo universal pone las condiciones de juego en el tablero de la geopolítica mundial.
Creer otra cosa es caer en la candidez romántica de la izquierda trasnochada y derrotada. La........
