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Después del Mundial: la cancha anuncia un nuevo orden, por Luis Miguel Santibáñez Suárez

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09.08.2026

Después del Mundial: la cancha anuncia un nuevo orden, por Luis Miguel Santibáñez Suárez

Cuando termina una Copa del Mundo, el balón deja de rodar, pero la política sigue su propio partido. El torneo no solo consagra a un campeón: también pone en escena jerarquías, aspiraciones y contradicciones de su tiempo. En un contexto de competencia entre potencias, fragmentación de la globalización y búsqueda de autonomía por parte del Sur Global, el fútbol ofrece una imagen particularmente nítida de la recomposición geopolítica y económica del mundo.

Quedó claro que el poder ya no se explica solo desde los centros tradicionales. Europa sigue dominando la industria futbolística, pero su hegemonía deportiva y simbólica ya no es incuestionable. Selecciones que hasta hace poco eran consideradas periféricas han dejado de ser invitadas circunstanciales. Compiten con mayor organización y obligan a las potencias históricas a reconocer que el mapa del fútbol es hoy mucho más plural.

Esa emancipación de varias selecciones nacionales es uno de los fenómenos más relevantes del torneo. No se trata únicamente de equipos que superan expectativas, sino de países que empiezan a construir sus propias narrativas y a rechazar el papel secundario que durante décadas les asignaron la economía y la cultura globales.

Su conexión con el público tampoco se explica solo por los resultados. Muchas de estas selecciones cautivaron porque proyectaron una imagen colectiva. Frente a un fútbol organizado alrededor de celebridades, aparecieron equipos que transmitían solidaridad, disciplina y pertenencia. Esa dimensión colectiva generó una identificación que trascendió fronteras.

El sistema internacional atraviesa una transición. La centralidad de Estados Unidos y Europa convive con el ascenso de Asia, la consolidación de potencias regionales y la búsqueda de mayor autonomía de África, América Latina y otras regiones históricamente subordinadas. La globalización no desaparece, pero cambia de forma: las cadenas productivas se reorganizan, los Estados recuperan herramientas de política industrial y la disputa por recursos estratégicos, tecnología y conocimiento modifica las alianzas.

El fútbol participa de esa transición. Los países que fortalecen sus proyectos nacionales suelen combinar inversión pública, formación deportiva, infraestructura, profesionalización administrativa y cooperación con el sector privado. Las selecciones que compiten de manera consistente no son producto del azar, sino de procesos acumulativos, instituciones estables y políticas sostenidas.

Esta constatación debería formar parte de........

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