Después del Mundial: la cancha anuncia un nuevo orden, por Luis Miguel Santibáñez Suárez
Después del Mundial: la cancha anuncia un nuevo orden, por Luis Miguel Santibáñez Suárez
Cuando termina una Copa del Mundo, el balón deja de rodar, pero la polÃtica sigue su propio partido. El torneo no solo consagra a un campeón: también pone en escena jerarquÃas, aspiraciones y contradicciones de su tiempo. En un contexto de competencia entre potencias, fragmentación de la globalización y búsqueda de autonomÃa por parte del Sur Global, el fútbol ofrece una imagen particularmente nÃtida de la recomposición geopolÃtica y económica del mundo.
Quedó claro que el poder ya no se explica solo desde los centros tradicionales. Europa sigue dominando la industria futbolÃstica, pero su hegemonÃa deportiva y simbólica ya no es incuestionable. Selecciones que hasta hace poco eran consideradas periféricas han dejado de ser invitadas circunstanciales. Compiten con mayor organización y obligan a las potencias históricas a reconocer que el mapa del fútbol es hoy mucho más plural.
Esa emancipación de varias selecciones nacionales es uno de los fenómenos más relevantes del torneo. No se trata únicamente de equipos que superan expectativas, sino de paÃses que empiezan a construir sus propias narrativas y a rechazar el papel secundario que durante décadas les asignaron la economÃa y la cultura globales.
Su conexión con el público tampoco se explica solo por los resultados. Muchas de estas selecciones cautivaron porque proyectaron una imagen colectiva. Frente a un fútbol organizado alrededor de celebridades, aparecieron equipos que transmitÃan solidaridad, disciplina y pertenencia. Esa dimensión colectiva generó una identificación que trascendió fronteras.
El sistema internacional atraviesa una transición. La centralidad de Estados Unidos y Europa convive con el ascenso de Asia, la consolidación de potencias regionales y la búsqueda de mayor autonomÃa de Ãfrica, América Latina y otras regiones históricamente subordinadas. La globalización no desaparece, pero cambia de forma: las cadenas productivas se reorganizan, los Estados recuperan herramientas de polÃtica industrial y la disputa por recursos estratégicos, tecnologÃa y conocimiento modifica las alianzas.
El fútbol participa de esa transición. Los paÃses que fortalecen sus proyectos nacionales suelen combinar inversión pública, formación deportiva, infraestructura, profesionalización administrativa y cooperación con el sector privado. Las selecciones que compiten de manera consistente no son producto del azar, sino de procesos acumulativos, instituciones estables y polÃticas sostenidas.
Esta constatación deberÃa formar parte de........
