«Moral revolucionaria», por Humberto GarcÃa Larralde
«Moral revolucionaria», por Humberto GarcÃa Larralde
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El paso de los meses luego de la detención del dictador Maduro y su esposa ha ido desnudando las dimensiones de la tragedia que urdió sobre Venezuela el chavismo, superando aún nuestras percepciones de antes. La demora, desidia e incompetencia en atender a las vÃctimas del terrible sismo doble del pasado 24 de junio es la tapa al frasco que completa la naturaleza criminal de quienes se apoderaron del paÃs alegando un pretendido proyecto «revolucionario».
Uno se pregunta, ingenuamente: ¿Es que no se daban cuenta del daño que nos hacÃan? ¿Por qué continuaron tanto en sus propósitos? ¿Por qué con tanta saña? ¿Cómo «justificaban» sus crÃmenes, con qué criterios?
Detrás de estas inquietudes se asoman las intrÃngulis de un poder ejercido por una oligarquÃa que se fue decantando en quienes mostrasen ser más inescrupulosos y crueles. Recuerden cómo Maduro premiaba con ascensos, distinciones y emolumentos a quienes eran señalados por violarles derechos a sus propios compatriotas.
Se lo dictaban aquellos que, en su imaginario, representaban el alfa y el omega de la revolución: la gerontocracia castrista que se apoderó de Cuba. Los «fines superiores» que esta encarnaba obligaban a provisionarla de nuestros valiosos recursos, sacrificando los intereses «subalternos» de quienes eran, en realidad, sus dueños: los venezolanos.
Recordemos, también, cómo el TSJ se convirtió en bufete defensor del fascismo gobernante, convalidando todos sus atropellos mientras perseguÃa, con acusaciones inventadas, a opositores. Criterios de bienestar, de humanidad, de justicia y solidaridad, de respeto por nuestros derechos, simplemente no entraban en la ecuación.
Cuando uno se detiene en el relato de quienes fueron presos polÃticos, en el martirio de sus familiares, en la angustiosa odisea de quienes caminaron miles de kilómetros con la familia a cuestas en procura de una vida mejor, en los millares de jóvenes a quienes se les arrebató su futuro o la generación de trabajadores y empleados que fueron esquilmados de su derecho a una jubilación meritoria, salta la indignación.
¿Cómo calibrar la catadura moral de quienes, de manera deliberada, prosiguieron, año tras año, en estos atropellos? Sumergidos en el lodazal........
