Lo que ocurrió en Nicaragua es grave; muy grave, por Fernando Mires
Lo que ocurrió en Nicaragua es grave; muy grave, por Fernando Mires
«No volverán a haber elecciones. No volverán a haber elecciones para que por ahà intenten ellos atrapar el gobierno, atrapar el poder. […] Aquà se acabó la historia de que los partidos puestos por los yanquis, puestos por los somocistas, volverán a llegar al gobierno. ¡Jamás, jamás, jamás!»
Fueron palabras pronunciadas por el presidente de Nicaragua Daniel Ortega en Managua, durante el acto del 47. aniversario de la Revolución Sandinista. De inmediato el Congreso, controlado en su totalidad por el oficialismo, se ha dado a la tarea de redactar reformas para implementar «constitucionalmente» la orden del mandatario.
Estamos, se quiera o no, frente a un acontecimiento histórico. Por primera vez en la historia de América Latina, y quizás del mundo, un presidente electoralmente elegido –aunque lo hubiera sido en elecciones tramposas como han sido casi todas las convocadas por Ortega– decide suprimir las elecciones como fuente originaria de su propio poder polÃtico. A partir de ese momento el poder polÃtico se basará, no solo realmente, sino también formalmente, en la pura fuerza bruta; o sea, dejará de ser polÃtico.
Es un hecho inédito. Ni siquiera en Cuba Fidel Castro suprimió las elecciones. Simplemente, desde el comienzo de su dictadura, no hizo ninguna, alegando, y con cierta razón, que el origen de su poder no provenÃa de un proceso electoral sino de las armas. El castrismo, desde un comienzo, desconectó con la tradición democrática de un Guiteras, de un Chibás, de un Grau San MartÃn, de un PrÃo Socarraz, de la Constitución de 1948 y de los partidos, el Ortodoxo y el Auténtico (sin esa tradición Batista no habrÃa sido nunca derrocado) para acoplarse a una «nueva tradición revolucionaria» vista por Gevara y Castro como un eslabón inicial de una revolución antimperialista de carácter continental e incluso mundial.
Desde el comienzo de la revolución el castrismo se declaró en estado de guerra permanente en contra del «imperialismo norteamericano» y, siguiendo esa lógica, el lÃder supremo adujo que en un estado de guerra no puede haber elecciones. Y asà es. Solo a los secuaces del dictador Putin se les puede ocurrir, por ejemplo, exigir elecciones en Ucrania, un paÃs azotado por la invasión de un poder militar, como es el de Rusia. No asà el Sandinismo, llegado al poder, no solo por las armas, sino gracias al apoyo de gran parte del mundo democrático, incluyendo a los EEUU del presidente Carter.
La tarea del Sandinismo, a diferencias del castrismo, fue la de construir las formas de la democracia liberal al nivel de los paÃses latinoamericanos donde regÃan normas democráticas.
El Sandinismo, no olvidemos, fue originariamente un frente democrático en donde tenÃan cabida diversos sectores polÃticos, incluyendo conservadores y cristianos. Ahora bien, ese Sandinismo no solo ha sido traicionado por la práctica dictatorial de la siniestra pareja presidencial (Ortega/Murillo). Además, Ortega ha propiciado el golpe de gracia a su propia historia al secar la fuente formal (a estas alturas solo formal) del poder: el sufragio universal.
Algunos comentaristas opinan que con ese golpe (efectivamente, este julio del 2026 ha sido consumado un golpe de estado desde el propio estado) Ortega ha puesto a Nicaragua al level de Corea del Norte. Pero ni siquiera ha sido asÃ: El poder dinástico de Kim-Jong-un proviene de una región en donde nunca ha habido democracia, ni formal ni informal.
Algunos comentaristas opinan que con ese golpe (efectivamente, este julio del 2026 ha sido consumado un golpe de estado desde el propio estado) Ortega ha puesto a Nicaragua al level de Corea del Norte. Pero ni siquiera ha sido asÃ: El poder dinástico de Kim-Jong-un proviene de una región en donde nunca ha habido democracia, ni formal ni informal.
Kim, en ese sentido, no ha traicionado a ninguna tradición como sà lo ha hecho Ortega. Por eso nos atrevemos a decir: lo........
