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Las migraciones, los odios y los miedos, por Fernando Mires

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Las migraciones, los odios y los miedos, por Fernando Mires

Los mandamientos religiosos son órdenes: mandan. Y un mandado o mandamiento existe cuando induce a una o a varias personas a hacer lo que, si no existiera ese mandamiento, no harían por decisión. Por lo general se nos manda a hacer lo que no queremos hacer. En la tradición cristiana, por ejemplo, se nos invita a amar a tu prójimo como a ti mismo. No más ni menos: como a ti mismo; es decir, no demasiado.

El prójimo es el ser próximo, no un lejano; y eso significa que hay que comenzar por amar a los cercanos, a los que nos rodean. Lo que es obvio. Nadie puede amar a un ser abstracto, lejano, anónimo. No puede hacerlo por la sencilla razón de que no está al alcance espacial o temporal de nuestro amor.

El próximo, en términos no religiosos, es el cercano: el humano que se nos acerca o al que nos acercamos. No obstante, de acuerdo con la tradición cristiana, el próximo va más allá de la cercanía espacial o temporal. El próximo, siguiendo la literalidad de la letra religiosa, es todo ser humano.

De los demás animales podemos estar cerca, pero ninguno es próximo o prójimo. El próximo cristiano no solo no es nuestro pariente, o amigo personal, o conciudadano. El próximo es el ser humano. Todo ser humano.

Imposible, me dijo alguien: ¿cómo voy a amar a un Hitler o a un Stalin o a un Putin solo porque pertenecen a nuestra especie? Nadie te pide que los ames, contestaría con toda seguridad un buen teólogo. Todo lo contrario, los nombrados pertenecen a nuestra especie pero al propagar el asesinato de millones de humanos, dejan de ser próximos y se convierten en lejanos.

Esos seres traicionan a nuestro ser, destruyen a la vida y a sus portadores. Actúan en contra del amor y, por lo mismo, en contra del que, por ser nuestro Padre (creador), nos convirtió en hermanos. Un Hitler o un Stalin o un Putin actúan en contra del principio de la creación. Se han alejado, no aproximado al ser. Podemos no odiarlos; amarlos, jamás.

Quizás el problema resida en la palabra amor, me dijo alguien muy próximo. En efecto; las connotaciones entre el amor mundano y el amor bíblico pueden diferir radicalmente, algo que no siempre tomamos en cuenta.

Si sustituyéramos la palabra amor por la palabra respeto (que es el verdadero sentido cristiano del amor), estaríamos probablemente más cerca del amor bíblico que del amor mundano, tal como lo entendemos. Hay que respetar al prójimo como a ti mismo. Suena mejor. ¿O no?

Es en ese sentido podemos entender la palabra amor cuando no está dirigida a alguien no inmediatamente cercano como nuestros padres, nuestros hermanos, nuestros hijos, nuestros cónyuges, nuestra pareja.

El amor bíblico, al menos el neotestamentario, es el respeto al prójimo, nuestro semejante; de otro modo no se entiende. Sin ese respeto básico nunca podría haber amor.

Y bien; ese justamente es el amor-respeto que hoy predica León XIV en su apasionada defensa de los emigrantes de esta tierra: aceptar como próximos a los que vienen de lejos. Quiere decir: respetar al ser humano, nuestro prójimo genérico. Respeto que nos es ordenado y que, por lo mismo, no es natural.

Mandar a amar (respetar) al prójimo en palabras no teológicas significaría, lisa y llanamente, practicar la solidaridad de especie la que, a diferencia de otros seres de la creación, no forma parte de nuestros instintos y, luego, no siempre practicamos como lo hacen hasta las más temibles fieras. Hay que respetar y ser solidario con todo ser humano por la sencilla razón de que tú también eres un ser humano. Así queda mejor.

Para vivir en comunidad, es decir, juntos, en un mismo territorio o en un mismo mundo, no necesitamos al amor mundano, pero sí necesitamos del respeto a nosotros mismos, incluyendo el respeto a sí mismo, pues quien no se respeta a sí mismo, nunca podrá respetar a los demás.

Para vivir en comunidad, es decir, juntos, en un mismo territorio o en un mismo mundo, no necesitamos al amor mundano, pero sí necesitamos del respeto a nosotros mismos, incluyendo el........

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