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El trumpismo sudamericano, por Fernando Mires

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14.04.2026

El trumpismo sudamericano, por Fernando Mires

Convendrá decir que lo que llamamos trumpismo no solo es un fenómeno norteamericano, sino una forma populista de gobierno que ha emergido en diversas latitudes y que en los EEUU, como en todos lugares en donde aparece, está condicionado por la presencia de un líder movimientista y presidencial a la vez.

Los líderes, en general, formatizan a los movimientos de acuerdo a características nacionales y locales. Un Trump, como personaje político es muy norteamericano, de la misma manera que un Milei es muy argentino, y un Putin, excesivamente ruso.

Visto así, lo que llamamos trumpismo, puede ser entendido como la expresión norteamericana de fenómenos de connotaciones universales, y tiene que ver en gran medida con el declive de la llamada sociedad industrial (Touraine) y el tránsito que lleva hacia la sociedad posindustrial a nivel global.

En gran medida se trata de un periodo intermedio en el cual el nuevo orden socioeconómico no ha sido todavía constituido y el antiguo orden ya no puede continuar (Gramsci). En encrucijadas parecidas (tránsito de la sociedad estamental (Weber) a la sociedad de masas, por ejemplo) surgieron fenómenos políticos como el fascismo y el comunismo, cuyas diferencias han sido muy analizadas, pero sus evidentes semejanzas, muy poco.

Hoy en día, para no hablar de neofascismo (el fascismo surgió sobre condiciones distintas, reitero) hemos utilizado, en indirecta pero premeditada analogía con el nacional-socialismo, el concepto de nacional populismo. Bajo el término nacional-populismo entiendo a la nueva conexión que se está dando entre masas socialmente desintegradas (anómicas según Durkheim) y líderes mesiánicos, díganse ellos de derecha o de izquierda.

Lo que tampoco es nuevo: líderes como Mussolini y Hitler se consideraban de izquierda, pero en contraposición al internacionalismo de la URSS, se definían como nacionalistas. Lo mismo está sucediendo hoy día. El nacional-populismo, del cual, repetimos, Trump es solo su expresión norteamericana, integra en sí tópicos que fueron propios al fascismo del siglo XX, pero en condiciones determinadas por la globalización y la digitalización del siglo XXI.

Así como el fascismo originario puede ser considerado como una reacción moderna en contra de la modernidad, los movimientos nacional-populistas —de los que el de Trump y Putin parecen ser los más importantes— pueden ser vistos como reacciones posmodernas en contra de la posmodernidad.

Así como el fascismo originario puede ser considerado como una reacción moderna en contra de la modernidad, los movimientos nacional-populistas —de los que el de Trump y Putin parecen ser los más importantes— pueden ser vistos como reacciones posmodernas en contra de la posmodernidad.

Del mismo modo como el fascismo del siglo XX, los movimientos, partidos y gobiernos nacional-populistas de nuestro tiempo poseen una extraordinaria capacidad para integrar en sus discursos elementos objetivamente contradictorios. Por ejemplo, diciéndose todos nacionalistas, son más internacionalistas que los movimientos socialistas del siglo XX.

La dependencia ideológica y económica con respecto a los líderes del nacional populismo en los países poderosos es casi total. Los putinistas europeos siguen al pie de la letra los dictámenes de Putin y los trumpistas se subordinan a la palabra de Trump con la misma sumisión a como ayer eran acatadas las palabras de un Hitler o de un Stalin.

Como hemos dicho, el trumpismo es muy norteamericano, pero continuador de un nacional populismo que se había dado mucho antes en países europeos, representado en partidos como la........

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