Recuperar la lengua
Un hombre lee el periódico en compañía de un niño. / Shutterstock
Hay un parásito real, documentado, con nombre propio (cymothoa exigua), que devora la lengua de un pez y ocupa su lugar. Entra en él por las branquias, como quien se cuela por la puerta de servicio, se fija a la lengua y empieza a alimentarse de su sangre hasta que se atrofia y desaparece. Entonces ocurre lo perturbador: el parásito ocupa el lugar de lo destruido y desde ahí permite al animal seguir comiendo, seguir viviendo, seguir siendo, en apariencia, el mismo. Pero ya no lo es del todo.
Desde que supe de su existencia, no he podido dejar de pensar en la cantidad de gente que habla (o hablamos) por boca de otro sin saberlo. Hay frases que no son nuestras, pero las pronunciamos con una convicción admirable. Opiniones que nos habitan como si las hubiéramos criado nosotros, cuando en........
