No hay que aguantar más
Normalizamos cosas. Eso me dijo mi amigo Luis cuando me senté a hablarle de su renuncia. En ese momento no entendí por qué con este nivel de desesperación un día simplemente se cansó y se fue. Nadie esperaba que renunciara porque sus resultados eran normalmente buenos y se veía aparentemente feliz.
Recordé entonces cuántos amigos que se divorcian publican hasta último segundo sus familias perfectas y dejan a todos con la cara sorprendida y la frase habitual: pero qué pasó.
Cuando escribí mi libro hace unos años hice entrevistas en profundidad en varios países con perfiles bien distintos y recordé eso cuando vi a Luis irse tranquilo. En América Latina hemos convertido el ‘aguante’ en una especie de medalla moral. Aguantar el jefe que maltrata. Aguantar el sueldo que no alcanza. Aguantar el transporte que no funciona, la inseguridad que asusta, la burocracia que desespera. El gobierno irracional. Aguantar la vida como........
