Scherer, ¿testigo colaborador en Estados Unidos?
“Quien calla no siempre otorga; a veces espera”.
“El silencio también es una forma de lenguaje”.
Julio Scherer lanzó una bomba. No una de estruendo inmediato, sino una de temporizador que va para largo. Ni venganza ni perdón no es un libro de coyuntura ni un ajuste de cuentas. Es algo más inquietante: un mapa. Una ruta de navegación para entender los entresijos, las tolerancias y las colaboraciones del poder de la 4T con el crimen organizado.
Hay libros que se escriben para el público. Y hay otros que se escriben para cuando llega el citatorio. El de Scherer pertenece claramente a la segunda categoría.
Por eso no es un texto de autopromoción ni de revancha personal ni de reciclaje político. No hay giras mediáticas ni entrevistas explosivas ni escándalos prefabricados. Hay algo mucho más frío y eficaz: un expediente narrado. Un registro. Un “yo estuve ahí” escrito con la precisión de quien sabe que cada palabra puede pesar después.
El libro no busca convencer al lector mexicano. Parece, más bien, diseñado para resultar útil fuera de México. En particular, para Estados Unidos.
No afirmo que Julio Scherer sea hoy testigo colaborador. Lo que planteo —y aquí está el núcleo de mi columna— es que el escenario es plausible, funcional y lógicamente impecable. Tan impecable que resulta incómodo para muchos.
Scherer ocupó una posición irrepetible: la Consejería Jurídica de la Presidencia durante el régimen de López Obrador. El lugar donde no hay actas, pero sí memoria. Donde no........
