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Desde la analogía del futbol

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22.06.2026

La euforia futbolera, en su cita mundialista de cada 4 años, atrapa al país: lo hace de forma particular en la edición de este año, en tanto ha colocado a México en condiciones de anfitrión junto con los Estados Unidos y Canadá, situación que enciende aun más el fervor de la afición y su esperanza de que nuestro equipo cumpla un papel histórico al avanzar su registro por encima de los niveles alcanzados en las justas mundialistas anteriores.

Sin menoscabar la ilusión por mejorar nuestro récord y hasta de campeonar, es evidente que no hemos sabido aprovechar el impulso que significa haber sido país anfitrión de tres mundiales, incluido éste. Cada uno de ellos ha permitido hospedar a las principales figuras y equipos del planeta, significándose como una oportunidad de aprendizaje y desarrollo del deporte en sus distintas vertientes como los planteamientos tácticos, práctica de jugadas, parado de los equipos, sistemas de entrenamiento, y lo que está detrás de ellos en cuanto organización de sus respectivos torneos y promoción de nuevas figuras; todos ellos aprendizajes que han sido descartados en el potencial que contienen.

Puede señalarse que ocupamos un lugar de media tabla en cuanto a competitividad, lo cual no se corresponde con el tamaño de nuestra infraestructura profesional para la práctica del futbol; mucho menos se relaciona con el número de aficionados, la inversión de los clubes y el gran potencial de las fuerzas inferiores y juveniles, como lo demuestran los títulos alcanzados en la competición olímpica, y los torneos de sub-20 y sub -17. Es evidente que se cuenta con jugadores talentosos a nivel de fuerzas básicas, pero también lo........

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