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No son sólo tamales: México tiene mucho más y Trump nos necesita

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05.09.2026

Donald Trump volvió a subirse al pedestal que él mismo se construyó para hablarnos desde las alturas del universo y sus alrededores. Esta vez aseguró que México prácticamente no tiene nada que ofrecerle a Estados Unidos salvo “tamales picantes y tomates” y que, si decidiera terminar el comercio con nosotros, su país no perdería nada.

Es Trump siendo Trump: hipérbole, desprecio, una pizca de ignorancia económica y la convicción permanente de que aquello que pronuncia desde el Despacho Oval se convierte automáticamente en verdad revelada. El problema es que los discursos pueden acomodarse al tamaño del ego presidencial; las cifras no. Y las cifras cuentan una historia muy distinta: México y Estados Unidos mantienen una de las relaciones comerciales y productivas más profundas del planeta, cercana al billón de dólares anuales cuando se suman bienes y servicios. Así que, con todo respeto para el emperador imaginario del comercio mundial, no son solamente tamales y tomates: México tiene bastante más que ofrecer y Estados Unidos nos necesita mucho más de lo que Trump quiere admitir.

Podríamos empezar, precisamente, por sus famosos tomates. No son una curiosidad gastronómica mexicana que los estadounidenses compran por caridad. Llegan a ese mercado porque millones de consumidores los demandan y porque productores mexicanos pueden abastecerlo de manera competitiva. Y los tamales tampoco necesitan defensa presidencial: han sobrevivido muchos siglos sin permiso de Washington. Pero reducir la relación económica entre ambos países a esos dos productos sería tan inteligente como afirmar que Estados Unidos solamente tiene para ofrecer hamburguesas, Coca-Cola y películas de Hollywood. Divertido para una sobremesa, quizá; inútil para entender la economía más integrada de Norteamérica. Porque Estados Unidos compra de México vehículos, autopartes, computadoras, maquinaria, equipo eléctrico, instrumentos médicos, productos electrónicos, cerveza, frutas, verduras y una enorme variedad de manufacturas e insumos industriales. México, a su vez, compra cantidades gigantescas de maquinaria estadounidense, gas natural, productos agrícolas, componentes, tecnología, plásticos y equipo industrial. Hay fábricas a ambos lados de la frontera cuya producción depende literalmente de que esa relación continúe funcionando, y una pieza puede fabricarse en México, cruzar hacia Estados Unidos, regresar incorporada en un conjunto y volver a cruzar antes de convertirse en producto terminado. Pero al señor que imagina el comercio internacional como una partida de Monopoly quizá haya que explicarle que una cadena de suministro no cabe fácilmente en una frase para televisión.

Trump vuelve además a utilizar el déficit comercial como si fuera dinero que los mexicanos sustraemos de una caja fuerte estadounidense durante la madrugada. Estados Unidos registró el año pasado un déficit considerable en su comercio de bienes con México y él lo presenta como una “pérdida”. No funciona así. Cuando un país importa más de lo que exporta recibe algo a cambio de ese dinero. En este caso recibe automóviles, computadoras, maquinaria, dispositivos médicos, alimentos, componentes industriales y miles de productos que compran sus consumidores o necesitan sus empresas. Puede debatirse si un déficit resulta demasiado grande, si determinados sectores requieren correcciones o si deben modificarse algunas reglas comerciales; todo eso es legítimo. Pero afirmar que el déficit equivale simplemente a perder dinero pertenece más al repertorio de un vendedor de feria que al análisis serio de una economía de más de treinta billones de dólares.

Y aquí aparece la ironía mayor.

Mientras Trump explica que México no tiene nada indispensable, su propio gobierno lleva años intentando encontrar la manera de reducir la dependencia de China. Estados Unidos quiere menos componentes chinos, menos minerales procesados en China, menos baterías provenientes de China, menos vulnerabilidad tecnológica frente a China y más cadenas de suministro cerca de casa. Magnífico. El objetivo tiene lógica estratégica. Sólo hay un........

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