Hay periodismo que estercola y periodismo que defeca
No son sinónimos estercolar y defecar. Tienen el mismo origen y se refieren, en el fondo de sus significados, a la misma suciedad. Se diferencian en el contexto en que tales palabras se utilizan y, sobre todo, en quién realiza la acción.
Ambos verbos tienen que ver con algo tan desagradable como la expulsión de excrementos, pero sus propósitos son opuestos.
Estercolar, utilizado correctamente, es un término de la agricultura que significa cubrir la tierra con estiércol antes de la siembra para hacerla más fértil. Aunque este abono (el excremento, pues) proviene de los animales, el verbo se refiere básicamente a la acción humana de abonar los predios agrícolas.
Defecar es el acto biológico de vaciar el vientre. Lo socialmente aceptable consiste en hacerlo en espacios creados por el ser humano específicamente para tal propósito, conocidos como baños, váteres, letrinas, excusados o sanitarios.
La materia prima de ambos procesos es exactamente la misma: las heces. Pero en el idioma español —y en otras lenguas— estercolar y defecar no pueden ser sinónimos debido, especialmente, a lo que ocurre después de que el desecho sale del cuerpo: humano en el caso de defecar, y animal en lo relacionado con estercolar.
Al defecar, el cuerpo simplemente expulsa lo que ya no le sirve. Lo civilizado es depositarlo en un sitio perfectamente habilitado para que los desechos no contaminen, ensucien ni afeen.
Al estercolar, el desecho (no humano, sino animal, sobre todo de caballos y vacas) se utiliza para mejorar la tierra agrícola. Cabe destacar que, antes de usar los desechos como abono, estos pasan por un proceso de compostaje que enriquece las heces animales.
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