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Nada nos hará olvidar la traición a la patria de María Eugenia Campos

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04.05.2026

Todas las infamias están en equilibrio, la una no tiene derecho a despreciar a otra. Están conectadas, ramificadas, se nutren entre sí. La ignominia se ha vuelto líquida, fluye siniestra; es negra, se mezcla con la sangre de los traidores para recorrer e instalarse en las arterias y en la intrincación compleja de las venas. La roja sucumbe; la negra la reemplaza, la cólera los hace sudar y por donde vayan dejan la simiente.

El hambriento de poder la absorbe, la nutre…

A través del tiempo, la raíz se ha extendido y ya cubre todo el territorio; la ignominia, el descaro, la impunidad la han irrigado con fuerza; si encuentra un tope, este se abre y nace otra; todas tienen su tiempo, la oscuridad y siniestralidad para crecer y extenderse; su savia es el odio de los desposeídos de poder.

Recuperar, volver a poseer, a costa de lo que sea. Aliarse, entregar, permitir, doblegarse con tal de remover lo incómodo, lo que les estorba.

Torrentes de infamia circulan en los hombres y mujeres inconformes por verse despojados; el odio crece, los eleva y ellos, “los de arriba” ven a los “de abajo” con desprecio.

Los traidores son indulgentes consigo mismos. Se conceden, se perdonan todo por más innoble, despreciable y perverso que sea; lo esconden bajo la anchura de sus mangas las exponen mientras dialogan, conspiran y pactan en sus mansiones; no importa el idioma, lo interno y la excreción se........

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