Inicia la era del Tigre
“Cesó la horrible noche” es un verso que cantamos en los estadios sin pensar mucho en lo que dice. La madrugada del 7 de agosto se salió del himno y se metió en la calle. Se volvió tendencia en redes. Hubo pólvora en Medellín. Alguien pidió que las emisoras sacaran del baúl esa canción de fin de año, la de “faltan cinco pa’ las doce”. El país despidió el gobierno anterior como quien tacha del calendario un año que se sintió eterno.
En Cali no se dejó nada al azar. Once mil hombres custodiaron la ciudad. Cinco mil trescientos solo para el auditorio de la Universidad Santiago de Cali, decorado con diez mil flores blancas. El presidente Abelardo de la Espriella llegó con su esposa Ana Lucía Pineda y sus cuatro hijos, juró ante el titular del Senado, Honorio Henríquez, y se fue directo al Batallón Pichincha a honrar a la tropa y a dar su primer discurso ya en el cargo. El lugar ya era un mensaje. Antes de anunciar nada, estaba diciendo qué clase de gobierno venía.
Lo dijo sin rodeos. La seguridad ocupó el centro del discurso. Anunció fumigación con herbicidas que, según él, no afectan la salud ni el medioambiente. Prometió que la coca le dará paso al café, al cacao y al coco. Fue tajante: el Estado será contundente contra el crimen. Con los grupos armados no habrá negociación, solo dos caminos: someterse a la ley o enfrentar la fuerza del Estado. Citó a Churchill para hablar de victoria a toda costa y a Álvaro Gómez Hurtado para recordar que la violencia nunca ha resuelto nada en este país. Es la ruptura que muchos veníamos pidiendo desde hace años con la lógica fallida de la “paz total”.
Lo que más me convenció, sin embargo,........
