El rugido del Tigre
Hay victorias que se imponen con la elocuencia implacable de lo evidente. La de Abelardo De La Espriella pertenece a esa estirpe. Más que una elección, lo suyo fue la conquista de un torneo entero, disputado partido a partido, donde a la final llegó con exceso de goles. Reducir el 21 de junio a una simple derrota de Iván Cepeda es conformarse con mirar el marcador y perderse la magnitud del campeonato.
En octavos de final, el rival fue el desprecio. Esa arrogancia de salón, finamente vestida en las tertulias capitalinas, que jamás se rebaja al debate porque le resulta más higiénico convertir al adversario en meme o en chiste de sobremesa. Abelardo tuvo que abrirse paso a codazos entre una élite que, desde su miopía, lo subestimaba como a una caricatura. Esa ronda la ganó a pulso, en cancha ajena y sin árbitro.
En cuartos lo aguardaba un bloque más denso. El Centro Democrático con Paloma a la cabeza, en alianza con otros partidos, gremios........
