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Patriotismo constitucional

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21.07.2026

Tomar el camino de la desobediencia civil, con el propósito de erosionar la credibilidad del nuevo gobierno hasta que eventualmente caiga y se abra un momento refundacional, tiene un cierto parecido a la acción subversiva; a lo que en el fragor de la ola de violencia que vivimos a mediados del siglo pasado se llamó la “acción intrépida”, que tantos muertos causó. Pienso que ese no es el objetivo que ahora persigue el Pacto Histórico, pero puede ser el resultado.

El grado de crispación y antagonismo visceral que padecemos puede dar lugar a una ola de acciones violentas, incluso sin que ningún dirigente de la oposición las promueva. El alzamiento popular suscitado por el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán en 1948 fue espontáneo. Aterrados por la fuerza del alzamiento, sus copartidarios del Partido Liberal acudieron ante el presidente Ospina, del que eran opositores, para ofrecer su concurso con el fin de restablecer el orden.

Si las movilizaciones callejeras, que pueden ser el instrumento para masificar la desobediencia civil, no prosperan, una razón para que así suceda tal vez sea que la amplia cauda que siguió al Pacto Histórico en los eventos comiciales de este año sufra una reducción significativa. Muchos de esos seguidores no son revolucionarios a la vieja usanza. Los tiempos de “la hoz y el martillo” quedaron atrás.

Como creo que para Colombia no es conveniente seguir en una situación de extrema pugnacidad, anhelo que los dirigentes del Pacto Histórico adopten una política para la promoción de su plataforma ideológica que no sea la desobediencia civil.

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