El abrazo del oso
El presidente Trump ha invitado a nuestro presidente electo a hacer parte del “Escudo de las Américas”, una iniciativa de seguridad hemisférica creada en marzo de 2026. En palabras del secretario de Defensa, Marcos Rubio: “Esta histórica coalición de naciones trabajará conjuntamente para impulsar estrategias que pongan fin a la injerencia extranjera en nuestro hemisferio, a las pandillas y carteles criminales y narcoterroristas, y a la inmigración ilegal y masiva”. Este último tema no lo abordaré.
Conviene recordar que la nueva política se fundamenta en la adoptada por el presidente Monroe en 1823, para advertirle a Europa que no se inmiscuyera en los asuntos propios de “nuestro hemisferio”. “América para los americanos”, se dijo entonces y se repite ahora. Solo que esos “americanos” son los vecinos del norte: “Los Estados Unidos de América”, no nosotros, los países iberoamericanos, que hablamos español y portugués, y somos un crisol de razas.
El concepto de “injerencia extranjera” se define como la intervención indebida o ilegítima de un Estado en los asuntos internos de otros. Así no se diga expresamente, el malo de la película es China, que no tiene “derecho” —por razones ignotas— a meter sus narices en territorio ajeno. Otra es la realidad. El comercio bilateral de América Latina con Estados Unidos es aproximadamente el doble del registrado con China, pero los flujos con esta crecen mucho más que con aquellos. China es ya el primer socio comercial de Brasil, Chile, Perú y Uruguay, y el segundo de México, Colombia y Argentina.
En el campo de la inversión, la pérdida de importancia de los Estados Unidos es todavía mayor. Basta tener en cuenta dos hitos recientes: el puerto de Chancay en el Perú y el metro de Bogotá. Qué pena con el Tío Sam, pero estas........
