El Niño no avisa dos veces
Durante años Colombia construyó buena parte de su fortaleza eléctrica alrededor de una ventaja extraordinaria: el agua. Esa decisión nos permitió desarrollar una matriz relativamente limpia y competitiva, pero también nos dejó una vulnerabilidad que aparece cada vez que el clima deja de comportarse como esperamos.
El Niño vuelve a poner esa vulnerabilidad sobre la mesa.
No es una discusión nueva. El país ya pagó una vez el precio de aprenderla. El racionamiento de 1992 y 1993 cambió para siempre la arquitectura del sector eléctrico colombiano y, años después, llevó a desarrollar mecanismos para remunerar algo que el mercado por sí solo difícilmente garantiza: tener energía disponible precisamente el día en que más se necesita.
De ahí nació buena parte de la lógica del Cargo por Confiabilidad.
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Treinta años después, la pregunta sigue siendo sorprendentemente parecida: ¿está Colombia suficientemente preparada para atravesar una sequía severa sin comprometer el suministro ni trasladar al usuario costos desproporcionados?
El episodio de 2023-2024 debería servirnos de referencia. En abril de 2024 los embalses llegaron a niveles cercanos al 27 %. Hubo jornadas en las que la generación térmica cubrió una porción extraordinaria de la demanda y el precio de bolsa sintió con fuerza la estrechez del sistema. Colombia no se apagó, pero estuvo sometida a una prueba exigente.
Y esa experiencia dejó una lección que conviene recordar ahora: la seguridad energética no se mide por los megavatios que aparecen en una presentación, sino por los que efectivamente están disponibles........
