Colombia, salud por tu democracia que aguantó
La historia nos enseña mucho y nos ayuda a entender el presente.
Era el año 1995. Colombia vivía el proceso 8.000, en el que se investigaba al presidente, otro con minúscula dada su trayectoria, Ernesto Samper por el ingreso de dinero del cartel de Cali a la campaña. El gerente de la campaña, Santiago Medina, y el director de la campaña, Fernando Botero, habían declarado con pruebas cómo ese dinero sí había ingresado. El fiscal general, Alfonso Valdivieso, había
enviado todas las pruebas a la Cámara de Representantes, a la Comisión de Acusaciones, que encontró suficientes las evidencias para que el proceso pasara a la plenaria. Samper compró congresistas a diestra y siniestra y logró que la plenaria votara la preclusión del proceso, es decir, que no lo acusaran ante el Senado. Samper siguió en el cargo.
Medina y Botero fueron condenados a prisión y Samper y los narcos se salieron con la suya. “Todo fue a mis espaldas”, fue su defensa, frase que se convirtió en un monumento al descaro y a la impunidad que, si somos justos, debería ser el epitafio en la lápida de Samper para recordarlo por lo que fue y para no olvidar ese terrible episodio de la historia, que, tristemente comparado con lo que pasó en estos cuatro años, casi que es algo menor.
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