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Siete días de humo sagrado

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13.06.2026

Hector Sole-Bradshaw es un técnico británico especializado en grandes producciones de espectáculos. Su currículum incluye algunos de los eventos más mediáticos del planeta. La cadena pública catalana 3Cat lo contrató como consultor para retransmitir la ceremonia del Papa en la Sagrada Familia. La tecnología que desplegaron —llamada “Cinema Live”, una combinación de producción televisiva y efectos cinematográficos— apenas se había usado antes en Estados Unidos para el espectáculo del descanso de la Super Bowl. Para una misa. Para una misa papal en Barcelona lo que se montó fue, en su factura técnica y en su ambición escenográfica, exactamente lo mismo que para el show de medio tiempo del partido de fútbol americano más visto del mundo. Si alguien todavía tenía dudas sobre qué era realmente este viaje, ahí tiene la respuesta. 

Hemos pasado una semana entera —siete días completos— con León XIV como monotema absoluto de la vida pública en esto que se llama Estado español. RTVE, la televisión pública que se paga con los impuestos de todos, no solo cubrió la visita: la patrocinó. Fue uno de los 48 patrocinadores oficiales del evento. La cadena pública de un Estado constitucionalmente aconfesional puso su nombre y su dinero al servicio de un acto confesional. Y mientras tanto, La 1 canceló durante una semana entera su programación habitual para convertirse en canal de devoción permanente. La cadena pública catalana 3Cat fue todavía más lejos: para la ceremonia de la Sagrada Familia estrenó un sistema de producción cinematográfica en directo, una tecnología apenas utilizada en Estados Unidos salvo para el espectáculo del descanso de la Super Bowl. Porque lo que se celebraba en Barcelona no era, en su factura técnica y emocional, muy distinto a un partido de la NBA o a un Mundial de Fútbol. Era un show. Un show de proporciones industriales, con millones de euros públicos invertidos, con la maquinaria mediática a pleno rendimiento, con famosos cantando gorgoritos celestiales y artistas convocados para dar brillo a la función. Menos mal que, por el momento, no vino a Euskal Herria. 

Y yo me pregunto, desde mi ateísmo militante que limita en sus bordes más comprometidos con lo que queda de la Teología de la Liberación —si es que queda algo—: ¿esto es lo que Jesús de Nazaret tenía en mente? Aquel hombre que volcó las mesas de los mercaderes en el templo, que se sentó a comer con los parias, que no tenía dónde recostar la cabeza, ¿habría reconocido su mensaje en este despliegue de papamóviles blindados, escenografías cinematográficas y celebrities entonando aleluyas para millones de espectadores? La respuesta es tan obvia que resulta obscena formularla.

El coste oficial de la visita oscila entre 15 y 25 millones de euros. Pero esa cifra es solo la parte visible del iceberg. El coordinador del viaje reconoció sin rubor que en ese presupuesto no están incluidas las aportaciones en especie de las administraciones públicas: la seguridad integral del desplazamiento, la........

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