«Palantir» y la alianza del capital monopolista con la extrema derecha
El manifiesto publicado por Palantir Technologies no es un documento técnico ni una visión económica. Es un documento político explícito que anuncia una nueva fase en la trayectoria del capitalismo digital, una fase en la que ha abandonado su pretensión de neutralidad y ha decidido desenmascararse, revelando su plena faz ideológica. Palantir no es un caso aislado en el panorama tecnológico global.
Es una de las grandes empresas tecnológicas que venden sus tecnologías a sistemas de represión y violación de los derechos humanos, y ha sido condenada por organizaciones internacionales de derechos humanos, entre ellas Amnistía Internacional y Human Rights Watch, por su papel en facilitar deportaciones forzadas, vigilancia masiva y persecución de disidentes.
Lo más condenatorio de todo es que informes documentados han revelado una asociación directa entre esta empresa, junto con otras empresas tecnológicas occidentales como Google, Amazon y Microsoft, y el ejército israelí, proporcionando sistemas de datos y de selección de objetivos utilizados en operaciones militares en Gaza, convirtiéndola en socia efectiva de crímenes de guerra documentados contra civiles palestinos. En este sentido, no difiere en esencia de otras grandes empresas capitalistas digitales que practican lo mismo de diferentes formas y con distintos grados de apertura.
Es una declaración de clase de un proyecto de alianza fascista digital que no se basa únicamente en la violencia tradicional, sino en la vigilancia y represión digital, el análisis de datos, la inteligencia artificial, la manipulación de la opinión pública y la supresión de la disidencia mediante métodos imperceptibles pero profundamente impactantes. Una alianza cuyos crímenes no permanecen en los círculos de élite y las oficinas corporativas, sino que se extienden a los campos de batalla y a los cuerpos de los civiles, encarnada hoy en su forma más clara en el Trumpismo, sus alianzas, sus crímenes y sus guerras agresivas.
De Silicon Valley a la Casa Blanca: La alianza orgánica
Para comprender el manifiesto de Palantir fuera de su contexto aislado, debemos convocar la imagen de la alianza que se ha formado en los últimos años entre un segmento de la élite tecnológica y el proyecto de la extrema derecha nacionalista. Peter Thiel, cofundador de Palantir y el financiador más significativo de la carrera política de Trump, no es simplemente un hombre de negocios que apoya a un candidato político.
Es la mente ideológica que proporciona a este proyecto su lógica política, alguien que ve la democracia liberal representativa existente como un obstáculo para el proyecto de la élite tecnocrática, y que ha declarado abiertamente que el capitalismo y la democracia liberal tradicional son incompatibles. Esta alianza no es un accidente, ni una intersección pasajera. Es una convergencia objetiva entre dos proyectos que comparten un único objetivo: concentrar el poder en manos de una oligarquía financiera y política que cree poseer un “derecho natural” a gobernar sus propias sociedades y las ajenas.
Esta alianza encuentra su expresión institucional hoy en lo que se conoce como el movimiento de aceleración tecnológica, que incluye a Elon Musk, Jeff Bezos, Mark Zuckerberg y otros, quienes han comenzado a moverse de forma coordinada con la segunda administración Trump. Lo que los une no es una alineación ideológica completa. Lo que los une es la posición de clase y el interés compartido: la eliminación de cualquier restricción regulatoria o democrática que limite su capacidad de acumulación, dominación y expansión del control.
El manifiesto de 22 puntos: una lectura de su contenido de clase
Palantir publicó lo que describió como un resumen del libro de su CEO Alexander Karp, “The Technological Republic”, en medio de una amplia participación global y una creciente indignación política que superó millones de visualizaciones en cuestión de días. Pero la indignación no debe conformarse con la sola reacción emocional, porque el manifiesto es en su esencia una hoja de ruta de clase que merece una lectura de izquierda precisa, una que vaya más profundo que la indignación.
El manifiesto contiene 22 puntos, construidos con deliberada precisión arquitectónica, no aleatoriamente. Algunos puntos parecen moderados o humanos en la superficie, como los llamamientos a la tolerancia hacia los políticos en su vida personal, o en contra del regócijo ante la derrota de un adversario.
Estos puntos no son ni inocentes ni incidentales. Son la fachada calculada utilizada para ganarse al lector vacilante y otorgar al manifiesto una imagen “equilibrada” antes de que revele su verdadero rostro. Esto es lo que los estudios ideológicos llaman la estructura del consenso fabricado: se te administra una dosis de lenguaje razonable para ayudarte a tragar la dosis tóxica que la acompaña. Lo que parece lógico en el manifiesto no es por tanto evidencia de su equilibrio, sino evidencia adicional de su astucia.
Todos estos puntos se despliegan como cobertura para hacer avanzar una agenda ideológica integral que vincula todas estas preocupaciones a un proyecto de militarización, dominación y jerarquía civilizatoria. Por lo tanto, me centraré en los puntos más reveladores del verdadero contenido de clase e ideológico de este proyecto, abordando los demás conceptos en el cuerpo del texto.
El Punto Uno afirma que “la élite de ingeniería de Silicon Valley tiene la obligación moral de participar en la defensa de la nación.” Este encuadre moral no es inocente. Cuando la contratación militar y de seguridad se presenta como un “deber moral,” la presión social se convierte en un mecanismo para obligar a ingenieros y programadores a servir a la maquinaria de la guerra y la represión, y toda voz disidente dentro de las empresas tecnológicas es silenciada en nombre del “patriotismo.” Esta es la conversión de la conciencia individual en una mercancía al servicio del estado militar y de seguridad y sus instituciones represivas y de vigilancia.
El Punto Dos llama a la “rebelión contra la tiranía de las aplicaciones,” es decir, el rechazo de la tecnología de consumo en favor de sistemas de seguridad y militares más profundos. Esta no es una crítica al capitalismo de consumo como podría parecer. Es un llamado a redirigir la capacidad tecnológica hacia la máquina de guerra y vigilancia en lugar del mercado del entretenimiento.
El Punto Cinco declara que “la pregunta no es si se construirán armas de IA; la pregunta es quién las construirá.” Esta lógica determinista cerrada tiene como objetivo eliminar cualquier debate sobre el rechazo a la militarización tecnológica en sus raíces. Cuando la elección se enmarca como “nosotros o el enemigo,” se borra la posibilidad de decir “no a las armas en........
