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¿En el mundo actual hay lugar para el socialismo?

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24.04.2026

“Los pueblos consiguen derechos cuando van por más, no cuando se adaptan a lo «posible»”. Sergio Zeta

En la segunda mitad del siglo XIX, Marx y Engels, y junto a ellos una pléyade de luchadores sociales, veían el socialismo como el paso a una futura sociedad de equidades, de superación de las injusticias. “No se trata de reformar la propiedad privada, sino de abolirla; no se trata de paliar los antagonismos de clase, sino de abolir las clases; no se trata de mejorar la sociedad existente, sino de establecer una nueva”, decía Marx en 1850, pensando en la futura sociedad comunista global, la “Patria de la Humanidad”, como reza la Marcha Internacional Comunista.

Entrado el siglo XX, y en sus primeras décadas más aún, una enorme cantidad de activistas, militantes revolucionarios, luchadores populares, sindicalistas, líderes comunitarios y políticos de izquierda, abrazaron los ideales sociales y, de hecho, algunos de ellos trabajaron por, o directamente comandaron profundos procesos de transformación económico-político-social que marcaron la historia. Ahí están los legados de Lenin, Rosa Luxemburgo, Trotsky, Mao Tsé-Tung, Castro, Gramsci, Guevara, Ho Chi Ming, Lumumba, Thomas Sankara, Carlos Fonseca, Santucho, Mariátegui, solo por mencionar algunos. Todas y todos ellos hablaban claramente de “socialismo”, pensando -y actuando consecuentemente- en pos de una sociedad superadora del capitalismo, teniendo como insignia aquella cita de Marx. 

Pero el mundo ha cambiado muchísimo en estas últimas décadas. Tanto que, en este momento, tercera década del siglo XXI, hablar de socialismo pareciera que va pasando a la historia. Por supuesto que no pasa, pero la nada oculta pretensión de la derecha mundial es condenarlo al baúl de los recuerdos, declararlo muerto y sepultado. El actual líder de la Rusia post soviética, Vladimir Putin -importante cuadro del Kremlin en su momento-, no deja lugar a dudas: “Desde el punto de vista del destino histórico de Rusia y sus pueblos, los principios leninistas de construcción del Estado resultaron ser no solo un error. Fue (…) mucho peor que un error. Después del colapso de la Unión Soviética en 1991, esto se volvió absolutamente obvio. (…) Olvidarse de la Unión Soviética es no tener corazón; pero querer regresar a ella es no tener cabeza”.

El mundo actual es tremendamente complejo. Es evidente que hoy, ya entrado el siglo XXI, estamos ante un nuevo orden internacional que abre preguntas sobre dónde va -con la posibilidad de una guerra mundial nuclear devastadora, que nadie desea pero que ahí está como........

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