Saberes del Sur para un Norte que sucumbe al calor
PARÍS. En estos días de prolongada canícula en Europa, París se ha convertido en una estructura ardiente de asfalto y concreto con parterres de arbustos abrasados por el calor. En pleno bochorno me llamó la atención la terraza de un restaurante frente al que pasé el otro día: rodeada de grandes maceteros de flores y enredaderas, visiblemente regados, era un envidiable oasis de frescor. Casualidad o no, el restaurante era marroquí. No pude sino ver confirmada una idea que me ronda estos días la cabeza. Durante siglos las potencias coloniales del Norte exportaron al resto del mundo sus conocimientos técnicos, urbanos y administrativos. El calentamiento global introduce una paradoja reveladora: algunos de los conocimientos más útiles para afrontar el futuro climático no vendrán de las innovaciones más recientes, sino de saberes desarrollados históricamente en sociedades del sur global.
Hasta hace poco, la mayor parte de Europa imaginaba el calor extremo como un problema ajeno, propio de otras latitudes. Hoy ya no son sólo ciudades del Mediterráneo como Madrid o Roma las que registran temperaturas excepcionales, también sucede en París, Londres o Berlín. La cuestión ya no es cómo soportar olas de calor puntuales, sino ¿cómo se organiza una sociedad que no está habituada al calor cuando éste deja de ser una anomalía?
En lugares como el norte de África, el Golfo Pérsico, la India, el sureste asiático, o el mismo México, el calor ha sido una condición estructural de la vida cotidiana desde que se tiene registro. Fruto de esa larga experiencia, estas sociedades desarrollaron un conocimiento milenario que incluye, entre otros, soluciones arquitectónicas como los patios interiores, la ventilación cruzada, los muros gruesos y las celosías; o soluciones urbanísticas como las calles........
