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Abolir la explotación reproductiva

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19.09.2026

Desde hace más de tres décadas la llamada “gestación subrogada” o “vientres de alquiler” se convirtió en una opción cada vez más recurrente a escala mundial para parejas o personas que no pueden lograr un embarazo y desean tener un hijo, pues en apariencia representa la única vía biológica disponible en contraste con figuras como la adopción o tratamientos de fertilidad tradicionales.

No obstante, la evidencia acumulada a lo largo de los últimos años respecto del comportamiento de la industria de los vientres de alquiler, intersecta dilemas filosóficos, bioéticos y legales en el ámbito específico de los derechos humanos de las mujeres que intervienen en esta práctica, así como de los niños que nacen mediante esa vía.

Pese a la convergencia de todas estas nociones que parecieran sugerir un asunto de enorme complejidad y abierto al debate, la realidad acorde a los datos disponibles es que no debería ser un tema como tal “polémico” si se apela al más elemental sentido común de la perspectiva de los derechos humanos.

Hoy es bien sabido que la práctica de la gestación subrogada devela dos realidades sustentadas en evidencia: representa una manera de explotación y cosificación de mujeres con fines reproductivos y, al mismo tiempo, un mecanismo para la gestación de bebés como si se tratasen de un producto comercializable y fabricable, pese a las prohibiciones........

© Proceso