El espejismo de la equidad, una “igualdad muy desigual”
La igualdad, valor supremo que las democracias modernas han esculpido en mármol, padece de una anemia crónica.
Se nos presenta como un lienzo impecable, una verdad absoluta; sin embargo, en el rudo asfalto de la realidad, ese principio es vilmente vapuleado.
Lo que hoy defendemos no es más que una igualdad nominal, un artefacto jurídico que consuela a los ingenuos pero que, en la práctica, perpetúa los privilegios.
Basta con asomarse a los tribunales. En teoría, la balanza de la justicia es ciega y la ley es igual para todos, pero la realidad dicta una sentencia distinta: ante el juez, suele pesar más la profundidad del bolsillo que la fuerza de la razón.
Quien puede costear el bufete más prestigioso e influir en los plazos procesales, juega con una ventaja que convierte la equidad en un sarcasmo. ¿Existe verdadera igualdad ante la ley? Jurídicamente sí, pero es un espejismo burocrático que solo se materializa para quienes pueden........
