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Paradojas del agua

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Edoardo Borgomeo, investigador de la Universidad de Cambridge, publicó en ‘Nature Water’ un argumento incómodo: muchas de las políticas que adoptamos para gestionar mejor el agua producen el resultado contrario. Las llamó paradojas del agua, y son cuatro. 

La paradoja de la oferta: construir más infraestructura hídrica (represas, trasvases, sistemas de abastecimiento) -sin los incentivos económicos y regulaciones adecuadas- no resuelve la escasez, la puede amplificar. La nueva oferta estimula mayor demanda y, paradójicamente, expone a más personas a riesgos hídricos. Más infraestructura puede significar más vulnerabilidad, no menos.

La paradoja de la eficiencia: tecnologías como el riego por goteo permiten producir lo mismo con menos agua por hectárea. Los gobiernos las subsidian masivamente asumiendo que ahorrarán agua a gran escala. Sin embargo, evidencia acumulada en múltiples regiones muestra que los agricultores pueden terminar usando más agua, no menos: la eficiencia libera recursos que se destinan a expandir cultivos o a otros usos. El ahorro local desaparece a escala de cuenca.

La paradoja de los datos: el reciente interés en aplicar inteligencia artificial a la gestión del agua crece aceleradamente. Pero los datos hídricos (caudales, calidad e infraestructura) permanecen subvalorados, mal gestionados y poco compartidos. Queremos aprovechar herramientas sofisticadas sobre una base de información que se deteriora.

La cuarta, y más relevante para Colombia hoy, es la paradoja del valor. Borgomeo documentó que el agua tiene un alto valor en uso pero un precio de mercado bajo. Esa brecha genera sobreuso, contaminación, insuficiente recuperación de costos, y menor capacidad de expandir el servicio a quienes no lo tienen. Resolverla exige integrar precios con medidas que atiendan equidad, respuestas endógenas y gobernanza. En ningún caso, simplemente bajar tarifas.

En octubre advertí en esta columna que las reglas tarifarias del agua -como el salario mínimo- eran vulnerables al ciclo electoral. Esa vulnerabilidad se materializó: con el candidato de gobierno empeñado en ganar en primera vuelta, la CRA expidió en marzo un marco tarifario orientado a producir titulares de reducción de tarifas, sin que los costos reales de prestación hubieran disminuido.

Aplicando la lógica de Borgomeo, esta decisión agrava la paradoja del valor: ampliar la brecha entre precio y costo real erosiona la cultura de pago de los servicios públicos que tanto costó construir y compromete la sostenibilidad de las empresas prestadoras. Espero que desde agosto las políticas hídricas nos alejen de estas paradojas. El agua no debería ser moneda de campaña.

Julián López Murcia,  DPhil

Director Nalanda Analytica.


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