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¿Democracia o comunismo?

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24.03.2026

Las elecciones presidenciales 2026-2030 son las más importantes del presente siglo. Después de casi cuatro años del populismo socialista de Gustavo Petro, nos encontramos en una encrucijada de caminos políticos totalmente divergentes.

La ciudadanía tendrá que escoger entre la preservación de la democracia por el Centro Democrático o la revolución comunista del Pacto Histórico. El Señor nos dio en su infinita sabiduría dos oídos para escuchar con atención, pero una sola boca para escoger la democracia por encima del comunismo.

La consulta interpartidista (8-10-26) elevó a la palestra de los candidatos presidenciales a la abogada y economista, Paloma Valencia, con 3,3 millones de sufragios. Paloma ha sido tres veces senadora del Centro Democrático (2014-2026), de tradicional estirpe política caucana, diplomática y académica, con probada experiencia legislativa y aguda inteligencia emocional y de gobierno. Paloma debe ser la elegida para ocupar la Casa de Nariño en el próximo cuatrienio.

La coalición de centro derecha con su vicepresidente, Juan Daniel Oviedo y sus 1,3 millones de electores, fue propiciada originalmente por Mauricio Cárdenas y David Luna. Esta alianza comprende lo más granado, idóneo, experimentado, diverso e incluyente de la política, economía, energía, infraestructura, urbanismo, construcción, seguridad, relaciones internacionales, diplomacia, comunicaciones, inclusión social y regiones.

Por la izquierda radical se encuentra Iván Cepeda, quien aterrizó en el Pacto Histórico en agosto de 2025, luego se alzó con la candidatura presidencial y se dejó contar en la supuesta “consulta apoteósica” de septiembre pasado con apenas 1,5 millones de votos. Su vinculación con el partido de gobierno se concretó después de haber sido militante del Partido Comunista (1975-1987), la Unión Patriótica (1987-1990), el M-19 (1990-2003) y el Polo Democrático (2009-2025).

Iván, candidato aburrido, sin carisma, rojo de hoz y martillo, considera a Fidel Castro como su alter ego. Iván montado en el coche presidencial de Petro, pero no puede heredar automáticamente su favorabilidad, construida con populismo de pan y circo para hoy y hambre para mañana.

La campaña presidencial de Iván publicó 64 discursos en 433 páginas, como un anexo a un desconocido programa de gobierno. De su lectura se evidencia que, en un centenar de arengas, Iván se va lanza en ristre contra su némesis, su enemigo acérrimo, el expresidente Álvaro Uribe Vélez.

Desde sus cuarteles políticos, afirma que su “enfrentamiento no es con Paloma ni con Abelardo, es contra Uribe”, su razón de ser en política, más que la presidencia. Iván es la continuidad vacía del populismo petrista, pues asevera que “el cambio no ha terminado, apenas ha comenzado”, pero con un apretón de tuerca adicional. Iván, al patrocinar la Constituyente, como hicieron los sátrapas Castro, Chávez, Maduro y Ortega, piensa clausurar el Congreso, el Consejo de Estado, el CNE y convertir a Colombia en una autocracia comunista.  

Andrés Espinosa

Miembro del Consejo Directivo del ICP. andresespinosa@inver10.co


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