Laureano Benitez: «Cómo cagarse en los usías (Evacuación o victoria)»
Hoy día las ciencias adelantan que es una barbaridad, hasta el punto de pueden inyectarnos con una jeringa nanopartículas doscientas veces más pequeñas que el grosor de un cabello humano, o enviarnos un chorreo 5G desde satélites para moverlas dentro de nuestro cuerpo, incluso hasta modificarte el ADN como quien hace zapping con tus aminoácidos… es hasta posible llevar a multitudes borreguiles hasta mataderos haciendo la ola de puro frenesí…
La genética es la ciencia que más bárbaramente adelanta, sin duda, hasta el punto de que se ha descubierto la causa genética de casi todos los comportamientos humanos, que parecen tener su asiento en determinadas zonas del cerebro, las cuales reciben el nombre de zonas «Boardman». Por ejemplo, el borreguismo parece estar ubicado en la zona 17 del cerebro, y hay quien dice que hacia allá se dirigen los nanoides insertados con hisopos y vakunas… ¡Quién sabe!
Sinceramente, yo no tengo esa zona 17 nada desarrollada, y lo digo como quien se pone una medalla. Más bien, tengo hiperdesarrollado el gen de la disidencia, que cada vez más gente dice que existe, y es el que crea personajes contestatarios, subversivos, insurrectos, protestones, rebeldes… Personajes incapaces de plegarse a las mentiras, de someterse a las normas del rebaño, incapaz de balar, pero propensos a gruñir, a rugir… lobos esteparios, guerrilleros empecinados, quijotes diamantinos, rebeldes con causa…
A mí esto de la disidencia me viene desde la cuna, porque mi continua pregunta de «¿Por qué esto?» «¿Por qué lo otro?» acababa por desquiciar a mi sufrida progenitora. Así surgió mi espíritu rebelde, pues preguntar el porqué de las cosas es la primera causa de la disidencia, ya que lleva a la investigación, a la crítica, al análisis, a no caer en lavaderos de cerebro, en garras de pastores mentirosos. La segunda causa que me lleva a echarme al monte bien sencilla: no soporto que pretendan tomarme el pelo.
Recuerdo con especial fruición las historias que mi madre me contaba sobre antepasados míos en los que ya refulgían actitudes insurrectas, personajes cultos, de exquisita educación, que arremetían contra las injusticias, con poesía y todo, usando la literatura como arma cargada de protesta. Mi madre solía decir que yo había salido a fulanito de tal, o a menganito de cual, lo cual, traducido al lenguaje posmoderno, quiere decir que llevaba en mis venas su sangre, los genes de la protesta.
Entre esas historias, entre esas batallitas que mi madre me contaba a la luz de la chimenea, recuerdo con especial admiración la historia de un antepasado mío, un cultivado viajero amante de la escritura, que cierto día llegó a un........
