¿Habrá milagro?
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Los creyentes confiamos en que después del discurso del Papa León XIV a las Cortes Generales se obre un milagro y los españoles volvamos al espíritu de la Transición y de la Constitución de 1978.
Ese espíritu en el que comunistas, socialdemócratas, cristianodemócratas, centristas, nacionalistas, sindicatos y patronales supimos perdonar, olvidar y construir entre todos una nación de hermanos en la que España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político, cuya soberanía reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado y cuya forma política es la Monarquía parlamentaria.
Esa Transición admirada en el mundo y admirable en su sustancia, que suscribió en 1977 los Pactos de la Moncloa sobre el programa de saneamiento y reforma de la economía y sobre el programa de actuación jurídica y política, acordados entre el Gobierno y los grupos parlamentarios, con el apoyo de asociaciones empresariales y sindicatos.
Un espíritu que permitió elaborar una Constitución aprobada en el Congreso por 341 votos a favor, seis en contra y tres abstenciones, y refrendada por el 87,78% de los votantes. Un espíritu roto hace años por un irresponsable presidente, ahora devenido también en sostenedor de dictaduras criminales y líder de “una estructura estable y jerarquizada de tráfico de influencias” para “la obtención de beneficios económicos”, cuando propuso y se aprobó una perversa ley llamada de memoria histórica, que empezó de nuevo a cavar trincheras y levantar muros entre hermanos, y que otro presidente posterior la modificó cambiando la palabra “histórica” por “democrática” y dividiendo a los españoles en buenos, los suyos, y malos, los demás.
En el discurso del Pontífice, en el que elogió a la Escuela de Salamanca y citó a Cervantes, Unamuno, Teresa de Ávila, Juan de la Cruz, los Reyes Católicos, la simbología de las pinturas del hemiciclo del Congreso y el lucernario, hubo para todos: dura crítica a la idea de que una mayoría suficiente basta para legitimar cualquier ley; la defensa de la vida: “Toda vida humana debe ser reconocida desde su........
