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Recaudación en las iglesias, para atender en sus necesidades, a los invasores de Ceuta

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01.08.2026

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Cuando he sabido que la Diócesis de Cádiz y Ceuta está recaudando dinero para atender las necesidades de los invasores de Ceuta, no he podido por menos que ciscarme en la CEE. No en la europea, sino en la «bergogliana»; aunque en la otra, también. Así que he decidido hacerles un «regalito» que, aunque no esté a la altura de su «buenismo» farisaico con los invasores, sí servirá para recordar quiénes son estos pájaros y el tamaño de la viga que llevan incrustada en el ojo. Por cierto, si se vistieran por los pies —que no lo hacen—, a lo mejor tenían lo que hay que tener para ordenar esa misma colecta en todas las diócesis de España. Pero vayamos con el «regalito», aunque lo más divertido lo he reservado para el final, a modo de postre de la casa.

El origen de la privación de la Eucaristía —la Comunión— a los católicos divorciados que han rehecho su vida mediante el matrimonio civil (los llamaremos DRNF) estriba en que los obispos ven en ellos un pecado, o delito, continuado por una práctica sexual que se presupone casi constante en su pecaminosa relación fruto del nuevo matrimonio civil; y lo cierto es que ¡qué más quisieran! algunos y algunas que dicha práctica fuese tan continua y abundante como los señores obispos presumen. A eso lo llamo yo tener la mirada sucia.

Sin embargo, se ignoran farisaicamente otros pecados continuos, como el de obligar a jurar al prójimo, la usura, la simonía del estipendio eclesiástico o el maltrato físico o psicológico dentro del matrimonio católico, sin privar por ello de la Eucaristía a quienes cometen a diario tales pecados. Tampoco se priva de la Eucaristía a los casados que tienen novia fija, pero que los domingos —y fiestas de guardar— van con su mujer oficial a misa, sin cortarse un pelo a la hora de ponerse en la cola para comulgar. O a aquellos otros que no tienen novia —como no sea pagando— y dedican un día fijo de la semana a financiar el oficio más viejo del mundo, de manera continua, mientras la cartera y la próstata aguanten.

EL COLMO DE LA DESFACHATEZ

Tampoco se le da carácter de pecado continuo al hecho de que un sacerdote conviva con una mujer. Lejos de ser suspendido a divinis de manera inmediata, el sacerdote no solo comulga, sino que además sigue consagrando y celebrando misa. Lo que se le recomienda es que —sin prisas— se plantee formalizar su relación. En ese sentido, Benedicto XVI escribió: «Cuando un sacerdote vive con una mujer, se debe examinar si podrían constituir un buen matrimonio. Si ese es el caso, ellos deben seguir ese camino» (Luz del mundo, 2010, p. 39).

LA DOBLE VARA DE MEDIR

Vamos, que cuando el amancebamiento lo practica un sacerdote —según parece— no existe ni pecado continuo ni escándalo. ¡Faltaría más! Claro que también —para acabarlo de arreglar— Benedicto XVI añadió: «La Iglesia no está aquí para colocar cargas sobre los hombros de la humanidad, y ella no ofrece ningún tipo de sistema moral» (Luz del mundo, 2010, p. 176).

Sin embargo, sí se priva de la Eucaristía a personas fieles a sus esposas y padres ejemplares, como son muchos de los DRNF, y ello por el gran «pecado continuo» de no haber pasado por la taquilla del Tribunal de la Rota —aunque mejor cabría decir de la Pota, que es lo que dan ganas: de potar hasta la primera papilla—. ¡Fariseos!

Pues bien, sin querer entrar a analizar el significado de las palabras de Benedicto XVI cuando dice que la Iglesia Católica «no ofrece ningún tipo de sistema........

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