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Agustín Perozo: «La luz al final del túnel»

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29.05.2026

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Con el rápido desarrollo de la Inteligencia Artificial y su incidencia en prácticamente todas las actividades humanas, con muchas preguntas en la mente y en búsqueda de respuestas más allá del lenguaje, del pensamiento mismo hecho palabra, me armé del valor que no tengo y decidí visitar de nuevo aquella taberna maldita…

Aquella noche pesaba, muy húmeda; lluvia, viento y truenos cercanos. Con los vellos encrespados y una ansiedad del que no sabe porqué va donde no debería ir, continué mis pasos.

En ese trayecto fui pensando y pensando y pensando… la mente curiosa, hambrienta, no para de pensar.

El día anterior había leído la Tesis XI sobre Feuerbach de Karl Marx donde dice: «Los filósofos no han hecho más que interpretar el mundo de diversos modos; pero de lo que se trata es de transformarlo».

Un reto similar se aplica a quienes escribimos: señalar y describir los problemas de cada sociedad según cada interpretación individual es tarea mucho menos compleja que aportar propuestas para transformarlos y resolverlos. Porque ya es necesidad pura y simple… la gente se está agotando como expresó Ranata Suzuki: «Llega un punto en el que ya no te importa si hay una luz al final del túnel o no. Simplemente estás harto del túnel».

Como aficionado a las citas (las llamadas «cápsulas de sabiduría»), así como a extractos de libros de mi interés y al histrionismo que da cierta efervescencia a la vida, en la ruta fui cavilando entre varios temas…

De Antonio Gramsci recordaba: «Los «capitalistas», sin capital, que viven en un país capitalista, no los hace ser capitalistas; son pobres con préstamos bancarios y miedo a perder el empleo. La conciencia de clase es el conocimiento de que son parte de una fuerza colectiva capaz de transformar el mundo, y no individuos condenados a la soledad del salario».

De Gilbert Keith Chesterton, traje a la memoria: «Si no logras desarrollar toda tu inteligencia, siempre te queda la opción de hacerte político». Y del francés Coluche: «Si votar realmente cambiara algo, ya lo habrían prohibido».

También recordé a Karl Popper: «Hay que sustituir la pregunta ¿quién debe gobernar? por esta: ¿cómo organizamos instituciones políticas para impedir que gobernantes malos o incompetentes hagan demasiado daño?»

Ah, la mente, la memoria… es un nunca acabar. De Santo Tomás de Aquino me llegó de repente: «El que no se enoja cuando hay causa justa para enojarse es inmoral. Porque el enojo busca el bien de la justicia. Y si puedes vivir en medio de la injusticia sin enojo, eres inmoral además de injusto».

Variopintas reflexiones siguieron aflorando mientras iba acercándome al destino entre tablones enmohecidos y resbalosos. La baranda lucía calada y tan insegura que pensé mejor no usarla como asidero.

Las lámparas colgantes, muy corroídas y dispuestas sin orden alguno, parpadeaban sin ritmo aparente. Llegué y aunque parecía la misma puerta, algo no encajaba como dejé el lugar en mi pasada........

© Periodista Digital