Pequeñas f(r)icciones: La fe de Acuña
El estudio de César Acuña está ubicado en el ala derecha del primer piso de su residencia. En el lugar, alejado de la sala, del comedor y de la cocina, se respira una tranquilidad que se asemeja, por momentos, a la de un monasterio. La decoración, contra todo lo que pueda pensarse, es austera. Sin duda, el mueble más importante del estudio —y quizá de toda la casa— es el escritorio de caoba que acompaña al líder de Alianza Para el Progreso desde hace varios años. Ahí, con los codos apoyados sobre su superficie y sentado en la silla ergonómica de cuero, Richard Acuña espera, preocupado, la llegada de su padre. No es, en modo alguno, una reunión cualquiera. No es fácil darle malas noticias a un candidato presidencial, mucho menos si este resulta siendo tu padre. Eso me pasa por no hacerle caso a Brunella, pensó.
—Yo sé que al final vas a hacer lo que tú quieras, pero ya sabes lo que pienso. No deberías meterte en la campaña.
—Pero cómo me pides eso. Es mi padre. Si yo no lo ayudo, ¿quién lo va a ayudar?
—Si en verdad quisieras ayudarlo, deberías decirle que se retire.
—Ni que te escuche decir eso. Por último, ¿qué sabes tú de política?
—Nada, de política no sé nada, pero alguien que sí sabe me dijo que tu padre nunca será presidente. Y yo le creo.
—¿Y quién ha sido la bestia que dijo eso?
—Tú. ¿Ya te olvidaste?
—¿Yo? ¿Cuándo?
—El año pasado. Cuando tu papá renunció para poder ser candidato. Bien claro me dijiste que todos en la familia sabían que nunca iba a ganar. Que el único que no sabía era él.
Eso que me recordó Brunella es la pura verdad, pensó Richard. Dio un suspiro y, por algunos momentos, se quedó contemplando la pared que está frente al escritorio. Es un mural poblado de fotografías y en todas ellas aparece César Acuña. En algunas está solo, pero en la........
