Les estamos fallando a las mujeres
El pasado 19 de febrero, el Tribunal Regional de Innsbruck, Austria, condenó al alpinista Thomas Plamberger a cinco meses de prisión y una multa de algo menos de diez mil euros por el homicidio imprudente por negligencia grave de su pareja Kerstin Gurtner. La negligencia consistió en dejar tirada a Gurtner, cuyas habilidades y experiencia como montañera estaban a años luz de las de Plamberger, a pocos metros de la cumbre del Glossglockner, en los Alpes del Tauern occidentales, exhausta, deshidratada, desorientada y a 8 grados bajo cero mientras él bajaba al refugio a pedir ayuda. Sin embargo el pizpireto montañero, que ni siquiera cubrió con mantas térmicas o con un saco a su novia sino que la dejó a la intemperie en medio de una tormenta de nieve, no hizo señales a un helicóptero de rescate que sobrevolaba la zona y avistó a la pareja ni avisó a los servicios de emergencia hasta después de la medianoche. No contento con esto, además puso su móvil en modo silencio y aquí paz y después gloria. Gurtner fue hallada al día siguiente por el equipo de rescate cuando ya era demasiado tarde para ella, ya que había fallecido de hipotermia durante la madrugada. Pero a Thomas esta condena le ha parecido una injusticia terrible que daña su nombre y reputación y que le estigmatiza, así que ha presentado una apelación, y eso que ya le había hecho lo mismo a otra novia anterior que se salvó de milagro. Pero él, y el juez que le condenó, nos quieren hacer creer que todo lo que pasó fue sin querer. Las dos veces.
Al fin y al cabo nos hemos hartado de escuchar que la dictadura de lo woke -con la ayuda de las tiránicas e intransigentes feministas que no paran de presionar y culpabilizar a los hombres de todo- ha colocado en su punto de mira a los santos varones, y ahora estos ya ni siquiera se pueden ir a dormir tranquilos mientras su novia yace en mitad de una montaña a merced de los elementos sin que tengan que sufrir el sambenito de asesinos. Porque lo de Plamberger resulta que no es un caso aislado sino que es un fenómeno tan común que hasta tiene nombre: el........
