La buena divulgación
En materia de escritura de historia, una cosa es divulgar y otra vulgarizar. Son dos formas de escribirla que se suelen confundir, en gran parte porque esa confusión viene bien a los vulgarizadores, para camuflar sus vergüenzas. Lo exponía espléndidamente, el otro día, el historiador Pablo Molejón:
«Si quieres hacer divulgación, la haces en base a los consensos científicos existentes. Si quieres rebatirlos, haz una investigación como dios manda: fórmate, vete al archivo, conoce la historiografía, analiza las fuentes, somete tus hipótesis al juicio y al debate de la comunidad científica, revisa tus análisis, publica un paper, vuelve a discutirlo con el resto de la comunidad académica… Si no es así, tu crítica no vale nada. Repito, esto no es escribir novelas ni pintar cuadros, con todo respeto a novelistas y pintores. Aquí no todo vale».
No todo debería valer en historia, pero algunas editoriales sin escrúpulos actúan como si valiera, y de ahí salen todos esos libros cuyos títulos, muchas veces, ya deberían bastar para descartarlos sin siquiera abrirlos: los La verdadera historia de, los La historia que no te han contado de, los La historia oculta de o, en el límite, el engreído Te voy a contar tu historia del fascista José Javier Esparza. Conspiranoia y antiintelectualismo: si........
